Racconto

hostigamiento-laboralCuando empecé a escribir este blog la idea era contar mis peripecias matrimoniales en Francia para poner sobre aviso a mujeres jóvenes que antes de contraer un compromiso tan serio como el matrimonio y antes de tener hijos en países extranjeros vean con detenimiento todos los aspectos del paso que van a dar porque la imagen que se tiene en general de la vida en los países desarrollados no se ajusta a la realidad y además sus leyes, hábitos y costumbres difieren mucho de las que rigen en países latinoamericanos.
Pero nunca pensé que el paso del tiempo iba a confirmar tan brutalmente las prevenciones que yo tenía al respecto.La mujer que deja su propio país para casarse y radicarse en otro está dejando mucho más que su terruño, abandona su familia, sus amigos y todo lo que le es conocido para ingresar en un mundo muy diferente no sólo por su organización social y el idioma sino por una multitud de factores le que resultan tan extraños e inquietantes como su idiosincracia forjada en guerras, dominación y sangrientas conquistas.
Pero en lo que individualmente importa es que la mujer que se radica en el extranjero queda económicamente subordinada a su marido porque se imaginarán que si conseguir un trabajo razonablemente remunerado para una extranjera es normalmente difícil, lo es mucho más en un país con profundas raíces machistas, como por ejemplo Francia, donde hasta las mujeres son machistas y peor aún cuando su economía no anda muy bien.
Además, salvo raras excepciones, en muchos casos el marido hará todo lo posible para convertir a su mujer en una perfecta ama de casa e incrementar su dependencia obstaculizando cualquier intento de desarrollo personal.
Claro está que esta conducta no es enteramente su culpa, porque a su vez él está forjado en una matriz social que le exige mantener a la mujer bajo sus zapatos y que el desarrollo personal de su consorte sea “supervisado”.
Así son las cosas que una ignora cuando se larga a la aventura de extraditarse voluntariamente en pos de una supuesta vida conyugal normal en un país supuestamente más civilizado, todas creencias que el paso del tiempo y los sufrimientos derrumban sin piedad ni bien aparece la dura realidad que una ve cuando ya es tarde y la jaula está cerrada.
Porque pasa como el cuento de la rana hervida, no te tiran de golpe en el agua hirviendo, sino que la van calentando de a poco y cuando te diste cuenta ya no te quedan fuerzas para saltar.
Los machos alfa se saben todas las tácticas para ir de a poquito sorbiéndote el cerebro hasta convertirte en una especie de ente y lo peor es que no te das cuenta, y si te das cuenta no tenés a quien recurrir, finalmente lo naturalizás y si alguien de afuera no te abre los ojos seguís pensando que lo que te pasa es algo normal y tenés que bancártelo.
Yo desde que retorné a mi país estoy en tratamiento terapéutico para salir del deterioro psicológico porque mi ex marido casi me había convencido de que era una incapaz que más o menos no hubiera sobrevivido si no hubiese tenido su protección.
Tengo un título universitario y una especialización en La Sorbona pero él se las arreglaba para menospreciar constantemente mi origen argentino y todo lo que podía darme algún viso de independencia y para tenerme ocupada en nimiedades para que no tuviera tiempo de pensar ni hacer alguna cosa que me permitiera emplear mis conocimientos y mi capacidad de trabajo.
Es lo que hacen muchos esposos me dirán, y es cierto, pero no es lo mismo cuando estás absolutamente sola y no tenés algún ancla familiar cercana que te ayude a enfrentar la situación, te ves atrapada en una gran cárcel a miles de kilómetros de los que te pueden ayudar.
No digo que en todos los casos sucede ésto, pero puede suceder, y más vale tomar todas las precauciones posibles para evitar sorpresas que luego causan mucho dolor y frustración en una película sin final, porque los machos alfa no pueden admitir que rompas el cerco y convierten su despecho casi femenino en una causa irrenunciable y te persiguen todo el tiempo y en todas las formas para golpearte donde más te duele que son los hijos.

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Un breve intervalo

dia-de-la-madre
Antes de seguir con mi relato quiero rendir un modesto homenaje a mi mamá que además de enseñarme cosas que me guiaron en la vida me acompañó siempre sobre todo en los momentos más difíciles. Tuvo el valor de enfrentar a mi ex marido en una situación límite en un país extraño y luego la fuerza de apoyarme sin condiciones, albergarme en su casa con mis hijos durante tres años y bancarme meses mientras yo buscaba trabajo, entre otras muchas cosas que hizo por mí y por mis hijos.
Conozco varios casos parecidos al mío en que los padres se desentendieron de la suerte de sus hijas, algunos por no tener recursos otros por miedo a meterse en cosas que no podían manejar, pero por suerte la mía se puso la situación al hombro y me dio el coraje que necesitaba para terminar con la situación de abuso psicológico que padecía desde varios años y que me dejó rastros que aún hoy transcurridos nueve años estoy tratando de superar con ayuda terapéutica.
Hoy, día de la Madre, para muchos será solo un cliché o un símbolo,pero para mí está lleno de un contenido emocional particular porque estoy recordando todo lo que mi mamá hizo por mi bienestar y mi felicidad sin condiciones ni claudicaciones.
Porque cualquier discurso se vería pobre para describir mi agradecimiento por el amor que me diste sólo digo ¡Gracias Mamá! ¡Felicidades en tu día!

Que nueve años no es nada

JuezaClaudine ya cumplió nueve años. Cómo pasa el tiempo! La traje a la Argentina cuando tenía un mes de vida, es decir que hace nueve años que estoy soportando la persecuta judicial, la amenaza permanente y la violencia de género económica de JD y veinte desde que lo conocí en Cuzco.

Es curioso, aunque el tango dice que veinte años no es nada yo siento que todo eso quedó en la prehistoria, como si en lugar de veinte años hubiera pasado un siglo y a veces me pregunto si en algún momentos hubo en realidad amor entre nosotros aunque ya no tiene importancia porque si lo hubo quedó sepultado en el pantano del odio y las pasiones malsanas que le brotaron a JD cuando vio la separación como un desafío a su poder patriarcal.

Durante todo este tiempo de pelea judicial se hizo el distraído con su obligación alimentaria, pero mi padre, atinadamente me parece, entendió que no había margen para abrir un nuevo frente litigioso mientras se peleaba por la permanencia de los chicos en Argetina, hasta que concluido el juicio de restitución el año pasado le inició un juicio de alimentos y radicó una denuncia penal por incumplimiento de los deberes de asistencia familiar.

La justicia civil lo condenó a pagar una mensualidad en euros que no cumple y la penal le concedió una probation, es decir que en lugar de ir a juicio debe cumplir unas condiciones ridículas (por ejemplo avisar si cambia de domicilio) fijadas por la jueza que lo único que quería al igual que la fiscal era sacarse de encima el fardo de un farragoso juicio contra un extranjero.

Es increíble como un sujeto puede reírse en la cara de la justicia argentina y no pasa nada como se estuvo viendo en los últimos años en este país. Claro está que como él tiene en Francia una sentencia a su favor – que es una burla al derecho argentino – cuando se manda la ejecución allá la justicia francesa la rebota sin miramientos.

Pero eso no es lo más malo, sino que cuando viene de visita todavía sus abogados bajan escritos llenos de pretensiones por su “derecho a la comunicación” con sus hijos.

¿Quien puede creer que un padre al que no le importa si sus hijos comen o pasan hambre, si van o no a la escuela, si tienen asistencia médica cuando están enfermos se preocupa por sus hijos? Si,señor, los tribunales argentinos lo creen o hacen como que le creen.

Lo gracioso es que el supuesto defensor de los niños dictamina que debe hacerse lugar a lo que pide mi ex marido porque viene desde muy lejos a ver a sus hijos. Que evada dolosamente sus obligaciones parentales parece que tiene menos importancia que sus derechos, pero el defensor se escuda en que él “es el defensor del derecho de comunicación de los niños con el padre”.

En definitiva para la justicia de Francia no importa si los chicos se mueren de hambre o pasan enfermedades, (si quieren comer que vuelvan es el mensaje) y para la argentina no se le puede restringir el derecho a la comunicación con los niños.Ergo, el señor hace lo que le place mientras la señora justicia en Argentina muerde el freno de la impotencia para hacer cumplir sus fallos y en Francia les da lo mismo que los chicos vivan, mueran o pasen necesidades en otro país.

Mientras tanto hace nueve años que yo trabajo, de mamá a tiempo completo, y literalmente de sol a sol para pagar no sólo los alimentos,la vivienda, el médico, la escuela etc. sino además los tratamientos para la dislexia que sufren mis dos hijos – que no son baratos – heredada del padre que me lo ocultó maliciosamente durante diez años.

En fin, que no se trata sólo de que lidiar con un sicótico que convirtió la persecución de su ex esposa en la razón de su vida sino que además hay que bancarse la impotencia de los tribunales para hacer real justicia.

Pero no me quejo, sólo expreso mi enojo por estos atropellos consentidos por quienes deberían ponerle coto, porque cualquier sacrificio que deba hacer está compensado por haber podido escapar, yo de una vida que se estaba convirtiendo en un martirio y que me dejó hondos surcos psicológicos, y mis hijos de criarse en una cultura retrógrada, prepotente e insensible.

Una movida que genera sospechas

portada_2.jpg_525981578Pocos meses después de perder categóricamente el juicio de “reintegro de hijo” JD despidió a sus abogados por incompetentes. Es sabido que los psicópatas nunca tienen la culpa de nada, la culpa de lo que les pasa siempre la tienen otros.

A renglón seguido no tuvo mejor idea que contratar a una abogada que se vende como la mejor especialista del país en la materia gastando en sus suculentos honorarios el dinero que debería aportar para el bienestar de sus hijos.

El objeto aparente es aceptar la radicación definitiva de los chicos en Argentina pero con la condición de tener un régimen de comunicación estable que le permita llevárselos a Francia “de vacaciones” dos veces por año, obviamente para no devolverlos nunca más ya que tiene en Francia una sentencia que lo favorece.

Pero detrás de esa aparente resignación a aceptar el fallo de la justicia argentina sospechosamente contrata a una profesional que intervino como apoderada de un padre en un caso que tuvo amplia repercusión periodística.

Luego de llegar a un acuerdo judicial en la Argentina sobre la tenencia de dos niños de corta edad con el asesoramiento de esa abogada, al llegar la madre con ellos a Brasil donde acordaron la residencia, el señor D., cliente de esta letrada, defraudó a la justicia argentina, se rió del defensor de menores, violó todos los términos del acuerdo y desapareció de ese país con rumbo desconocido llevándose a los infantes.

Tras casi un año de desesperada búsqueda la familia logró que Interpol lo localizara y detuviera … ¡En Hong Kong!

Hasta ahí debió viajar la madre con ayuda de sus familiares, que hasta tuvieron que vender una casa para afrontar los gastos, e iniciarle un juicio para que los chicos sean retornados al Brasil.

Es de imaginar lo que sufrió esa madre viviendo y litigando meses en un país con leyes, costumbres e idioma totalmente desconocidos, pagando traductores, abogados locales y cuantiosos gastos del juicio sin saber cual sería el resultado del litigio.

Pero la cuestión era tan grosera que finalmente la jueza de Hong Kong ordenó la inmediata repatriación de los menores que volvieron con ella al Brasil donde trata hasta hoy infructuosamente de radicarse con ellos a la Argentina donde tiene su familia.
Ciertos audios que de casualidad cayeron en poder de la progenitora con diálogos entre la abogada y su cliente ella está segura que la maniobra del Sr. D. fue pergeñada por la profesional y ejecutada con su colaboración.

Así que JD contrató precisamente a esa “especialista” que por cierto tiene contactos en varios países, lo que por supuesto despertó en mi la sospecha fundada de que tras la pantalla del “régimen de comunicación” se esconde el verdadero objetivo que es violar la sentencia judicial argentina y con el “debido asesoramiento” llevarse clandestinamente a mis hijos a Francia donde lo protege la justicia de ese país.

Por esta circunstancia mi padre – mi abogado – que también tiene contactos, se ve obligado a monitorear sus movimientos todo el tiempo que está con los chicos cada vez que viene de visita a la Argentina para prevenir cualquier intento de JD de repetir la repudiable maniobra del cliente de su nueva abogada.

20 meses después

Justicia insensibleLa sentencia de la Corte Suprema argentina que el 19 de septiembre de 2016 clausuró definitivamente el intento de JD de llevarse mis hijos a Francia fue sin duda un hito crucial en esta historia porque a partir de ese acontecimiento comenzó otra etapa en mi vida, aunque las amenazas de mi ex marido siguen aún hoy, casi dos años después, como un nubarrón en el horizonte.

Los tribunales argentinos, sin dudar en ninguna instancia, me dieron unívocamente la razón en base a los elementos que presenté en el juicio que demostraban la verdad, es decir, que JD había consentido la radicación permanente de los chicos en este país y luego había pretendido desconocer su propia decisión.

En cambio en Francia el Tribunal de Grande Instance de Cretéil en París, donde se tramitó el divorcio, además de aplicarme una multa por haberlo molestado a mi ex marido le dio el uso vitalicio de nuestra vivienda común en Vincennes más la custodia de los chicos, otorgándome a mí graciosamente la concesión de pasar con ellos algunos días en el año para lo cual yo tenía que radicarme en Francia.

Vale decir que como dije antes esa jueza pretendía que regresara a París con los niños para entregárselos al padre y me viera obligada a mendigar la caridad del Estado francés dado que cualquier aspiración de encontrar un empleo decente era simplemente una utopía en el marco contextual de una imparable ola de exacerbación de la xenofobia – que siempre fue una marcada característica de la sociedad francesa – potenciada por el terror que se desató a partir de las masacres perpetradas por los seguidores de ISIS.

Decidida a seguir hasta donde sea por para proteger a mis hijos apelé esta aberrante decisión ante la Court D’Appel y luego ante la Corte de Casación gastando lo que no tenía en abogados franceses.

Como era de esperar, ambos tribunales siguieron los lineamientos de la política demográfica del gobierno de retener sangre joven a cualquier costo y confirmaron lo resuelto por la primera jueza con insólitos argumentos.

Así, para la Corte de Casación una de las razones más importantes que motivaron el fallo en mi contra fue precisamente la denuncia que hice en este blog acerca de la falta de humanidad de la sociedad de un país que se precia de ser un supuesto paladín de los derechos humanos y de la libertad de expresión.

La Corte de Casación francesa consideró los términos de esta denuncia como injuriosos y ofensivos hacia su país porque desnudaban la realidad de su machismo cultural y el desprecio inocultable hacia las naciones de segunda categoría que se desprendía de las sentencias, impregnadas todas de un tufillo peyorativo hacia la seriedad de los documentos consulares en que habían fundado sus decisiones los jueces argentinos.

Se llegó así a un punto muerto en el que finalizaron con una diferencia de poco más de un año dos procesos que por cierto corrieron por líneas paralelas y por consiguiente nunca coincidieron en un punto que permitiera darle un cierre final al asunto.

Sé que estas cuestiones tribunalicias son quizás aburridas para los que me leen pero son la cara visible de un drama que aflige a muchas mujeres latinas que se casan con extranjeros y para poder para conservar a sus hijos luego de una ruptura deben librar una lucha sin cuartel no sólo contra psicópatas obsesivos producto de sociedades machistas sino también contra sistemas judiciales imbuidos de la misma cultura .

Mas allá del sufrimiento y la angustia permanente, este vía crucis que debí transitar por largos ocho años – y que todavía no termina – me permitió descubrir que algunos “países desarrollados” como Francia lo son sólo en algunos aspectos, pero en otros no solamente están atrasados sino en franca decadencia.

Aunque suene increíble lo cierto es que Francia, un un país que supo ser un faro cultural filosófico y científico en el mundo, que logró avances trascendentes en lo material, es hoy una sociedad en la que el pensamiento colectivo de sus habitantes no ha superado algunos resabios rudimentarios de su barbarismo originario, rasgo éste que se manifiesta en todos los niveles y particularmente en el judicial en el que hasta las juezas mujeres están formadas en el vetusto molde machista que está siendo demolido en muchas partes del planeta.

Recientemente el mundo entero reaccionó ante la inhumana decisión del presidente norteamericano que postulaba medidas inmigratorias cuya consecuencia inmediata era la separación de niños de sus padres, sin embargo en mi caso a las juezas francesas no les tembló la mano para hacer lo mismo.

Ese es el producto de poner mecánicamente a las abstracciones legales y los criterios políticos por sobre los individuos reales, sin contemplación alguna por el sufrimiento que provocan y por la deshumanización de la ciencia jurídica que finalmente en las decisiones de los jueces se desentiende del daño ocasionado a las personas al socaire de obsoletas concepciones ampliamente superadas por la realidad de un mundo que cambia mucho más rápido que la capacidad de adaptación de sus dirigentes.

En fin, como relataré mas adelante, la lucha por la seguridad de mis hijos continúa y aunque mi padre haya logrado una de las reglas básicas del arte dela guerra que es traer el combate legal al terreno propio la obsesión de venganza de JD es siempre una amenaza pendiente que no me permite distracciones porque busca y rebusca la manera de quebrar la valla de protección que mi padre ha levantado mediante un duro trabajo sin descanso y sin tregua.

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Esperando a la Justicia

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Escribo estas líneas por sólo respeto a la gran cantidad de personas que viene siguiendo las vicisitudes de mi odisea personal, porque sinceramente esta lucha por el bienestar de mis niños me agota y me absorbe tanto tiempo y esfuerzo que al final del día mis reservas de energía son igual a menos uno.

Estoy convencida de que solamente las madres que están sufriendo o
han sufrido situaciones como las que me toca atravesar a mí saben de que se trata esta tarea de afinar el piano y tocar al mismo tiempo, de romperse al alma para ganar el pan de cada día para sus hijos y simultáneamente soportar el acoso de un sicópata que tiene todo eltiempo del mundo para imaginar mil maneras de hostigar al objeto de su ira, es decir yo, despreocupado de todo lo que significa la crianza de los infantes.

Por si todo eso fuera poco, está la angustia de no saber si la Corte
Suprema (que ahora tiene en su manos mi suerte) confirmará las sentencias de los juzgados inferiores o saldrá con algún martes trece
que favorezca a mi ex marido y perjudique a los chicos.
Sobre todo porque la primera en expedirse es una jueza mujer que
paradójicamente no tiene empacho alguno en fallar sistemáticamente a favor del padre reclamante “por respeto a los convenios internacionales”

Es decir que le importa un corno lo que los chicos van a sufrir al ser
separados de su madre ni que el padre sea violento, la cuestión es no
hacer quedar mal al país ante la comunidad internacional. Esos son
los jueces que después se rasgan las vestiduras por los “derechos
humanos” (que parece que no tienen las madres ni los chicos),
la violencia doméstica y los femicidios. Pura y repugnante hipocresía.

Mientras tanto, como en una película de esas que son un bodrio y que
una aguanta sólo porque pagó la entrada, se repiten las mismas
agresiones, los mismos intentos de perturbación, de convencer a
todo el mundo de que se trata de un padre preocupado por sus hijos y
finalmente de poner todos los obstáculos posibles para hacer
mi vida más difícil de lo que ya es.

Constantino y Claudine sufren de dislexia (heredada de su padre),
lo que requiere estudios, tratamientos y atenciones costosas,
las cuales son sólo parcialmente solventadas por mi obra social,
amén del salario de las personas que los cuidan cuando
estoy en el trabajo.

El “padre preocupado” después de cinco años de no poner un
sólo peso para sus hijos en el intento de ahogarme
financieramente para que me vea obligada a volver a Francia
con la frente marchita se convenció de que esa táctica no le va
a resultar y por consejo de sus abogados me trae desde hace un
tiempo cada seis meses una suma miserable que se esfuma a los
tres días siguientes a su partida.
Hasta ahora no podía hacerle juicio de alimentos porque le tocaba
intervenir a la justicia francesa, que está más interesada que él
en que los hicos vuelvan a ese país porque como ya dije antes
los musulmanes los están invadiendo demográficamente y las
familias francesas que se negaban a tener hijos están pagando
hoy con sangre el duro precio de su comodidad.

Por lo tanto tenía cero probabilidades de hacerle cumplir su
obligación alimentaria, pero ahora con la reforma del código civil
la jueza que entiende en la causa no puede argumentar
incompetencia y deberá condenarlo a pagar la cuota que
le corresponde y que elude sin escrúpulo alguno para después
golpearse el pecho por “su preocupación como padre”
y exigir que se respeten “sus derechos” paternos.

Lo paradójico es que hay un convenio internacional que obliga a los
padres varones a pasar alimentos a sus hijos sin importar donde esté
viviendo, pero Francia pone tantos requisitos para cumplirlo que
finalmente se hace imposible. Ahora, para reclamar los derechos de
sus ciudadanos comprendidos en los convenios internacinales
son unos leones.

Y bien, en eso consiste mi vida desde hace siete años, en
defenderme y defender a mis hijos del acoso judicial de un
tarado egoísta y vengativo.
Tengo cuarenta y cuatro años y derecho a tener una vida normal,
pero el destino me está cobrando caro haber ignorado las señales
y pasarlas por alto pensando que la cuestión se podía encarrilar
con un poco de paciencia y aguante.

Grave error que no deben cometer quienes leen este relato, porque
afortunadamente yo cuento con padres que no tienen miedo y se
jugarían la vida por mí o por sus nietos, pero muchas
mujeres no tienen esa suerte y la aventura termina en el dolor
y la desesperación de perder a sus hijos a manos de sujetos
inescrupulosos que abusan y maltratan sinel menor sentimiento
de culpa a mujeres y niños, seres cobardes que ante la
negativa a dejarnos atropellar usan a la ley y el derecho
(y a los jueces que se prestan) para mantenernos en un
estado de permanente zozobra mental y espiritual.

Hacia el round final

0012610984Y si, casarse con un extranjero de buena posición económica e irse a vivir en París, Londres, nueva York o San Pablo representa una tentación casi irresistible para una jovenzuela de veinte y pico de años como era yo cuando conocí a JD en Machu Pichu. Construir una vida en común en una urbe del primer mundo, conocer gente distinta, realizarte en tu profesión, viajar, tener hijos, en fin toda un aventura maravillosa … que luego generalmente se convierte en un drama que parece ser interminable.

En realidad, que te cases en Francia sólo adquiere importancia real cuando tus hijos nacen allí, porque a partir de ese momento esa sociedad vampiro tenderá su telaraña cultural y judicial sobre los niños apañando cualquier conducta violenta o morbosa de tu pareja francesa con tal de que los chicos no puedan escapar de su territorio, sobre todo en los primeros años de vida que es cuando se forma la personalidad del individuo. En cambio, si no tienes hijos, en cualquier momento puedes mandar a tu marido a freír monos y volver a tu país y a tu cultura.

Esto es lo repugnante de su sistema: los niños son las cadenas con las que te mantienen prisionera de este mecanismo diabólico que te obliga a soportar a un energúmeno engreído, violento y manipulador (o con peores vicios) con tal de que no te quiten tus hijos. Yo resolvi no someterme a esa degradación y opté por el divorcio, que el muy tramposo de mi marido primero aceptó y luego se retractó con excusas pueriles para jugar un juego perverso y retorcido.

Es que analizando a la distancia todo lo sucedido me doy cuenta de que su objetivo en realidad no es “recuperar” a sus hijos sino mantenerme en un estado de precariedad emocional hostigándome permanentemente con cuanto recurso encuentra su mente enferma. Lo malo es que su personalidad sicópata tiene como característica su habilidad para engañar a las personas, en este caso presentándose como un padre desesperado que lucha por recuperar a sus hijos raptados por una bruja malvada que se los llevó a su país y no los quiere devolver.

Así, hace pocos días me llamó una asistente social del Consulado Francés en la Argentina pretendiendo que le permitiera verificar las condiciones en que viven mis hijos. Cuando le pregunté el motivo me contestó que era “a pedido del padre, ciudadano francés” y en virtud de los “acuerdos consulares entre Francia y la Argentina ya que los niños también lo eran”

Cuando le consulté a mi abogado me dijo que de ninguna manera estaba previsto en ningún acuerdo la intrusión de personal del Consulado en la vida familiar de nadie  en la Argentina “ni a pedido del Papa”. Lo que está previsto es que cuando un ciudadano francés, viviendo en otro territorio, se encuentra en estado de necesidad puede recurrir al Consulado en busca de auxilio económico, pero jamás el despropósito que estaban planteando.

Por supuesto mi respuesta estuvo teñida de la indignación que me produjo este atropello y entonces la funcionaria se mostró sorprendida de mi “agresividad” y me amenazó con tomar “otros caminos” ni bien regresara el Cónsul que se encontraba temporariamente fuera del país. Claro, lo de ellos no es “agresivo” ni ilegal, es “protectivo”.

Lo cierto es que mientras tanto el reloj sigue corriendo hacia la definición de la contienda sobre la permanencia de mis hijos en la Argentina que ahora se encuentra en manos de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que deben resolver el recurso de queja presentado por el abogado de JD cuando la Cámara le rechazó el recurso extraordinario. Si la justicia argentina fuera confiable no cabría otro resultado que el rechazo de la pretensión de mi marido, pero en  el contexto judicial tan voluble que todo el mundo conoce, el final es abierto.

Tres personas tienen ahora en sus manos el destino de mis hijos, tres personas que no se distinguen por su sensibilidad humana sino por su indiferencia hacia el dolor de madres e hijos.

 

 

 

Y salió la sentencia argentina

Después de cinco años de juicio, de tener la espada de Damocles sobre la cabeza, de pasarme noches durmiendo mal, acosada por la angustia de eventualmente verme separada de mis hijos, la jueza argentina se jugó y me dio la razón contra los dictámenes del “defensor” de menores y del fiscal que aconsejaban devolver los chicos a su lugar de residencia habitual porque – dijeron – si bien el traslado había sido lícito, la “retención” de ellos en la Argentina era “ilícita” curiosamente repitiendo casi calcados los argumentos que habían usado las juezas en Francia y los abogados de mi ex marido.

Hasta hoy me pregunto si habrá corrido plata, porque desde que la asistente social supuestamente designada para supervisar las visitas de JD entró en el caso el defensor de menores dio un giro sorprendente en cuanto a la actitud que venia trayendo  a favor de la permanencia de los chicos en este país, manipuló la designación de la perito psicóloga de cuarta que en su dictamen puso  que los chicos “no corrían ningún riesgo psíquico ni físico” si retornaban a Francia. ¿Tenía una bola de cristal la desgraciada? No, simplemente quiso asegurarse de que la conclusión de su dictamen se ajustara a lo que exige la Convención de La Haya de 1980 para facilitar la tarea que después completó el defensor recomendando que vuelvan a manos del padre mencionando ese dictamen.

Fue el día de mi cumpleaños, me había mudado hacía dos días y mi casa era un caos muy parecido a Kosovo. Yo estaba en la cocina buscando cosas para ayudar a mi mamá a preparar el almuerzo cuando Claudine y Constantino me traen un documento bien enrollado y atado con una cinta que parecía una especie de diploma. La bebé me dice en su media lengua:

– “Mamá, este es nuestro regalo de cumpleaños”.

Yo creí que era un dibujo que me hicieron o algo así, de modo que lo puse por ahí en arriba de un mueble.Entonces Claudine insistió con su vocecita expectante :

– ¿No lo vas a abrir mamá?

Tomé el cilindro y desaté la cinta.Lo primero que me saltó a la vista es la palabra “RESUELVO”.El corazón me dio un brinco y no quise seguir leyendo.

– ¿No lo vas a leer?- me dijo mi madre – ya va a estar la comida.

Entonces seguí leyendo y cuando vi la frase “Rechazar la restitución de Constantino y Claudine a la República de Francia” ya no me puede contener y me metí en mi dormitorio a llorar porque sentí que me asfixiaba. Por un momento pensé si no era una alucinación y había leído mal el papel, pero no. Las letras me bailaban detrás de las lágrimas.

-¿Que te pasa?- me dijo mi mamá siguiéndome.

-Salió la sentencia.

-¿Y?

-A mi favor.

Mi madre se levantó de un salto y me arrebató el documento de la mano. No podía creer lo que estaba viendo porque después de todas las peripecias judiciales, de una pericia truchísima, de dos dictámenes en contra, era casi un imposible, pero … muestras oraciones por los chicos habían sido escuchadas por el Señor.

Quedamos aleladas sin saber que hacer, como en esas escenas de película que los actores quedan como en suspenso hasta que nos abrazamos entre todos lagrimeando y sollozando como Magdalenas. Los chicos creían que era una actuación y se prestaban al juego.

Constantino estaba medio extrañado y preguntó:

-¿Que pasa abuela?¿Que dice el papel?

-¡Que tu papá no los lleva a Francia, Costa!!

– ¡Sii!- dijo Constantino haciendo con el puño ese gesto de triunfo que aprende de las películas. Claudine ajena totalmente al dramatismo de la situación seguía buscando a la gatita que se le había escondido en medio de las bolsas de la mudanza.

Mi padre miraba la escena sentado sonriendo y jugando con el corcho del vino recién destapado porque él fue el que trajo la copia de la sentencia y se la dio a los chicos para que me la entreguen.

¿Y ahora?-le dije

-Y ahora hay que seguir remando, porque seguramente tu ex va a apelar

-¿Te parece?

-Escuchame, el tipo es un enfermo mental, los chicos le importan una breva, tiene plata de sobra porque gana bien y  no gasta un peso en sus hijos, toda su vida gira alrededor de la obsesión por destruirte sacándote los hijos y si se queda sin ese objetivo se tiene que suicidar porque evidentemente no ha encontrado la forma de reconstruir su vida. Así que  va a seguir con el acoso, pero ahora se va a convertir en un tipo peligroso, habrá que tener mucho cuidado con los chicos porque le va a aflorar la violencia.

Un soplo de oxígeno puro entró en mi vida con esa sentencia, y a pesar de los sinsabores que tuve que pasar a lo largo de estos cinco años tengo que agradecerle a la jueza argentina que tuvo el valor de ser imparcial y no haberse dejado amilanar por los argumentos de gente a la que no le importa la salud emocional de  los niños ni su felicidad. Sé que la lucha continúa con resultado incierto, pero este es un round ganado a fuerza de  pelear cada día sin descanso por el bienestar de mis hijos.¡Que feliz cumpleaños!¡Gracias Dios mío!¡Gracias Virgen María!

 

 

 

 

Un año más con los chicos

Un año ha pasado desde mi último post. Mucha agua ha corrido bajo el puente, pero me fue imposible seguir el relato porque la lucha por la subsistencia se volvió cada vez más dura.Después de mandar mi curiculum a centenares de organizaciones encontré trabajo en un hospital famoso de Buenos Aires como fundraiser pero antes del año me tuve que ir porque el sueldo era demasiado bajo y además el ambiente de trabajo era desordenado, opaco, frustrante e inundado de mala onda. Afortunadamente ahora estoy en una fundación conducida por sacerdotes jesuitas donde el ámbito es excelente y ocupo la mayor jerarquía ejecutiva de la organización, que es de alcance nacional con varias delegaciones en las ciudades más importantes.

La lucha con JD continuó durante todo el 2014. Primero, la perito que había designado la jueza que entiende en el juicio iniciado por mi ex marido se despachó con un dictamen que no se puede calificar sino como un verdadero mamarracho técnico.  llegando a afirmar – sin ningún fundamento científico – que mis hijos no sufrirán ningún daño psíquico ni emocional si se los regresa a Francia sin la madre. Sin comentarios.

Después, a  fin de año, tanto el supuesto Defensor de Menores como el Fiscal en turno también se pronunciaron por separar a los chicos de su madre y devolverlos a Francia “en cumplimiento de tratados internacionales”. Lo más curioso es que para estos paladines de la justicia separarlos de su mamá – de la que no se separaron nunca desde que nacieron – y devolverlos a su país natal contempla “el interés superior de los niños” que según su óptica consiste en que no se violen los tratados. Hasta hoy no me puedo explicar como personas que se supone deben defender a los niños pueden poner por escrito tamaña barbaridad ni tampoco que permanecer con su madre sea menos importante para los niños que cumplir con tratados celebrados para otros fines.

La Convención de La Haya que ambos funcionarios mencionan es para los casos en que el traslado o permanencia ha sido ilegal, pero en mi caso cuento con la autorización por escrito del padre para que los chicos residan permanentemente en la Argentina.¿Donde está la ilegalidad? El supuesto Defensor para justificar su opinión hasta se permite desmerecer el valor probatorio de la autorización conferida ante una autoridad pública argentina e interpretar no lo que hizo sino lo que quiso hacer el  padre cuando la firmó, como si hubiera hecho un copy paste de lo que dijeron las juezas del tribunal francés.

Obviamente el Dr. Alvarez no menciona en ninguna parte que el Estado argentino rechazó de plano el pedido de retorno formulado por JD,  pero taimadamente dice que el traslado fue legal, pero no así la permanencia de los chicos en Argentina. En un escrito de 15 carillas desarrolla su teoría con una meticulosidad  tal para aconsejar el regreso de los chicos y descalificar mis razones que  ni los abogados defensores de JD hubieran podido hacer mejor el escrito. Es más , en partes toma textualmente los argumentos de ellos. Poderoso caballero es Don Dinero.

Cuando en Buenos Aires ya habíamos acordado todos los demás términos del divorcio –  incluida la residencia en la Argentina – JDaniel mostró la hilacha y se negó a incluir la cuota alimentaria en el acuerdo porque según él “el que se quedaba con los chicos debía hacerse cargo de todo”. El acuerdo no fue firmado por esa imposición de mi ex marido.

Meses después él inició un procedimiento que se tramita por vía diplomática para sacarme los chicos y llevarlos a Francia en venganza por haberlo desafiado y la Cancillería argentina le contestó a la francesa que se rechazaba el pedido de regreso de los niños porque el padre había autorizado por escrito ante el Consulado argentino en París la residencia permanente, y por lo tanto no se daba el presupuesto de ilegalidad que menciona el Tratado de La Haya para que permanezcan en la Argentina.

Hasta tal punto llega la  brutal indiferencia de del Fiscal y del Defensor por la suerte de sus supuestos defendidos que pasan por alto la decisión del Estado argentino a través de su Cancillería dejando en descubierto que la verdadera razón de sus dichos es que no se animan a controvertir la jurisprudencia de la Corte, para no entrar en conjeturas de otro orden  más desagradables pero muy verosímiles. ¿Para que defender a mis hijos y quedar mal con la Corte si igual ésta los va a mandar de vuelta?

Estas actitudes tan indignantes, frívolas, cobardes, retorcidas y desprovistas de toda sensibilidad humana en un momento me hicieron pensar si no seré yo la equivocada y ellos quienes tiene razón, porque es tan pero tan demencial declarar que el interés superior de los niños es que se cumpla una ley que – por muchos años aún ellos ni siquiera sabrán que existe – que me producen un estupor insuperable y me resulta incomprensible.

Mención aparte en este relato merece la guerra que en 2013 y 2014 me declararon en las escuelas con motivo de la conducta de Constantino, que después de largo peregrinar se detectó que se debía a un problema neurológico. Pero eso será materia del próximo post y sólo porque comprobé que a muchas madres les pasa y son mortificadas por maestras ignorantes.

 

El poder de las bestias humanas

    Escribo estas líneas impresionada por una película llamada “12 años de      esclavitud” que acabo de ver. Es un crudo y desgarrador relato acerca de la trata    de negros a mediados del 1800 en los Estados Unidos,  una de cuyas escenas me    estremeció hasta los huesos por sus connotaciones con mi situación familiar, que  por cierto sigue incierta y bajo amenaza.

En ella,  una mujer negra a punto de ser subastada entre otros prisioneros por un  vendedor de  esclavos de Nueva Orleans está abrazada a sus dos hijos, un varón y  una nena  trémula de terror. Un terrateniente la compra y ella suplica llorando que no  la separen  de sus hijos pero por supuesto no es escuchada y la arrancan del lugar  a la fuerza.  Conmovido, el comprador ofrece entonces llevarse también a la niña  y el  traficante le dice. “Esta niña no está en venta ahora porque me hará ganar  más  dinero del que usted puede pagar”.

Me quedé tan conmocionada que casi no pude seguir mirando. La brutalidad humana estaba retratada en toda su extensión. El lobo en el hombre mostraba sus fauces babeantes.  Obviamente en esa época habrá habido miles de casos como ese o quizás mucho peores,  pero el hecho es que la fuerza de esas imágenes me llevó de inmediato a una reflexión.

¿Qué diferencia hay – en cuanto al trasfondo de brutalidad  – entre el traficante de esclavos  y las juezas francesas que quieren separarme de mis hijos “por imperio de la ley”? Sólo pude encontrar diferencias formales .  En ambos casos personas que invocan la ley positiva desconocen la ley natural. Como dice uno de los personajes, que repudiaba la esclavitud, “la leyes cambian, las verdades universales son constantes”

Porque en esa época el hombre blanco basado en su poder había decretado que los negros no eran seres naturalmente libres y podían ser comerciados como mercadería. Era la ley y debía cumplirse aunque en su nombre se perpetraran atrocidades horrorosas que aún hoy  escandalizan a la civilización.

Ahora la ley dice que si dejas a  tu marido sicópata y te llevas a tus hijos a tu país para evitar que los maltrate – o los mate – tenés que devolverlos aunque ello implique separarlos de la madre. ¿Cuál es la diferencia, desde el punto de vista humano?

¿Qué diferencia hay entre un traficantes de esclavos que se vale de su poder para arrancar a una madre sus hijos amparándose en una ley injusta y juezas que hacen los mismo valiéndose del poder del Estado so pretexto de impartir justicia?¿Que el traficante emplea a sus esbirros y las juezas emplean a la policía?

La conclusión a la que llego es que el ser humano – varón o mujer – sigue siendo tan bestial como en el siglo 19, no hemos avanzado nada. Tanto las juezas que decretaron que debía restituir mis hijos a Francia “a la casa del padre” como al traficante de la película les importó muy poco que les pasaba a los niños, son dos especies de la misma bestia sólo que vistas en dos dimensiones temporales distintas.

Y no es excusa que sólo hacen cumplir la ley, porque todo el mundo sabe que toda ley tiene dos por lo menos dos interpretaciones. Simplemente les importa un pepino lo que les pasa a niños indefensos arrojados a las manos de padres maltratadores y vengativos.

¿Qué pedazo de roca tienen en lugar del corazón esa clase de personas? ¿O son tan brutas que no entienden la naturaleza de las cosas? En el caso da las juezas francesas es peor, porque usan el poder del Estado para cometer un acto de lesa humanidad revestido de formalidades legales, tal como hicieron los jueces de Hitler para perseguir y asesinar a quienes no pertenecían al “Partido”, pero lo hacían “en nombre de la ley”.

Claro está que no debería extrañar que los franceses cometan estas barbaridades contra extranjeros que consideran de segunda clase teniendo en cuenta que son los inventores del método de exterminio que probado en Argelia luego fue importado y aplicado por los militares argentinos contra su propio pueblo en el llamado “Proceso de reorganización nacional” que dejó miles de víctimas y heridas sangrantes aún hoy, treinta años después.

Toda la película es estremecedora, pero a mi solo me impactó esa parte porque sentí que me tocaba el corazón. No es posible que un enfermo de deseos de venganza como mi ex marido sea amparado por jueces que no pretenden hacer justicia sino simplemente valerse de la ley para arrasar con el derecho humanos más elemental de un niño que es permanecer con su madre.

No me cabe duda de que estas juezas sin alma al igual que el traficante de esclavos representan el nivel más deleznable de la  condición humana. Me pregunto:¿Qué diferencia hay entre una negra esclava y una sudaca presa de las leyes francesas hechas para esclavizarlas “civilizadamente” encubriendo a maridos maltratadores y violentos?

Nuestros jueces argentinos también son cómplices de estas atrocidades dictando sentencias inicuas escudándose supuestamente en el cumplimiento de tratados internacionales (Que en otros casos desconocen abiertamente) afirmando con un cinismo repugnante al más elemental sentido de humanidad que lo hacen “en el interés superior del niño”.

Hoy los norteamericanos esclavistas están presididos por un afroamericano descendiente de esos esclavos que eran comerciados “legalmente”. Quizás algún día veamos también un Nuremberg para todos estos jueces y funcionarios que no trepidan en separar a niños pequeños de sus madres  también “legalmente”.