Racconto

hostigamiento-laboralCuando empecé a escribir este blog la idea era contar mis peripecias matrimoniales en Francia para poner sobre aviso a mujeres jóvenes que antes de contraer un compromiso tan serio como el matrimonio y antes de tener hijos en países extranjeros vean con detenimiento todos los aspectos del paso que van a dar porque la imagen que se tiene en general de la vida en los países desarrollados no se ajusta a la realidad y además sus leyes, hábitos y costumbres difieren mucho de las que rigen en países latinoamericanos.
Pero nunca pensé que el paso del tiempo iba a confirmar tan brutalmente las prevenciones que yo tenía al respecto.La mujer que deja su propio país para casarse y radicarse en otro está dejando mucho más que su terruño, abandona su familia, sus amigos y todo lo que le es conocido para ingresar en un mundo muy diferente no sólo por su organización social y el idioma sino por una multitud de factores le que resultan tan extraños e inquietantes como su idiosincracia forjada en guerras, dominación y sangrientas conquistas.
Pero en lo que individualmente importa es que la mujer que se radica en el extranjero queda económicamente subordinada a su marido porque se imaginarán que si conseguir un trabajo razonablemente remunerado para una extranjera es normalmente difícil, lo es mucho más en un país con profundas raíces machistas, como por ejemplo Francia, donde hasta las mujeres son machistas y peor aún cuando su economía no anda muy bien.
Además, salvo raras excepciones, en muchos casos el marido hará todo lo posible para convertir a su mujer en una perfecta ama de casa e incrementar su dependencia obstaculizando cualquier intento de desarrollo personal.
Claro está que esta conducta no es enteramente su culpa, porque a su vez él está forjado en una matriz social que le exige mantener a la mujer bajo sus zapatos y que el desarrollo personal de su consorte sea “supervisado”.
Así son las cosas que una ignora cuando se larga a la aventura de extraditarse voluntariamente en pos de una supuesta vida conyugal normal en un país supuestamente más civilizado, todas creencias que el paso del tiempo y los sufrimientos derrumban sin piedad ni bien aparece la dura realidad que una ve cuando ya es tarde y la jaula está cerrada.
Porque pasa como el cuento de la rana hervida, no te tiran de golpe en el agua hirviendo, sino que la van calentando de a poco y cuando te diste cuenta ya no te quedan fuerzas para saltar.
Los machos alfa se saben todas las tácticas para ir de a poquito sorbiéndote el cerebro hasta convertirte en una especie de ente y lo peor es que no te das cuenta, y si te das cuenta no tenés a quien recurrir, finalmente lo naturalizás y si alguien de afuera no te abre los ojos seguís pensando que lo que te pasa es algo normal y tenés que bancártelo.
Yo desde que retorné a mi país estoy en tratamiento terapéutico para salir del deterioro psicológico porque mi ex marido casi me había convencido de que era una incapaz que más o menos no hubiera sobrevivido si no hubiese tenido su protección.
Tengo un título universitario y una especialización en La Sorbona pero él se las arreglaba para menospreciar constantemente mi origen argentino y todo lo que podía darme algún viso de independencia y para tenerme ocupada en nimiedades para que no tuviera tiempo de pensar ni hacer alguna cosa que me permitiera emplear mis conocimientos y mi capacidad de trabajo.
Es lo que hacen muchos esposos me dirán, y es cierto, pero no es lo mismo cuando estás absolutamente sola y no tenés algún ancla familiar cercana que te ayude a enfrentar la situación, te ves atrapada en una gran cárcel a miles de kilómetros de los que te pueden ayudar.
No digo que en todos los casos sucede ésto, pero puede suceder, y más vale tomar todas las precauciones posibles para evitar sorpresas que luego causan mucho dolor y frustración en una película sin final, porque los machos alfa no pueden admitir que rompas el cerco y convierten su despecho casi femenino en una causa irrenunciable y te persiguen todo el tiempo y en todas las formas para golpearte donde más te duele que son los hijos.

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