Esperando a la Justicia

medi141709(justicia (shut))

Escribo estas líneas por sólo respeto a la gran cantidad de personas que
viene siguiendo las vicisitudes de mi odisea personal, porque
sinceramente esta lucha por el bienestar de mis niños me agota y me
absorbe tanto tiempo y esfuerzo que al final del día mis reservas de
energía son igual a menos uno.
Estoy convencida de que solamente las madres que están sufriendo o
han sufrido situaciones como las que me toca atravesar a mí saben de
que se trata esta tarea de afinar el piano y tocar al mismo tiempo, de
romperse al alma para ganar el pan de cada día para sus hijos y
simultáneamente soportar el acoso de un sicópata que tiene todo el
tiempo del mundo para imaginar mil maneras de hostigar al objeto de su
ira, es decir yo, despreocupado de todo lo que significa la crianza de los
infantes.
Por si todo eso fuera poco, está la angustia de no saber si la Corte
Suprema (que ahora tiene en su manos mi suerte) confirmará las
sentencias de los juzgados inferiores o saldrá con algún martes trece que
favorezca a mi ex marido y perjudique a los chicos. Sobre todo porque la
primera en expedirse es una jueza mujer que paradójicamente no tiene
empacho alguno en fallar sistematicamente a favor del padre reclamante
“por respeto a los convenios internacionales”
Es decir que le importa un corno lo que los chicos van a sufrir al ser
separados de su madre ni que el padre sea violento, la cuestión es no
hacer quedar mal al país ante la comunidad internacional. Esos son los
jueces que después se rasgan las vestiduras por los “derechos humanos”
(que parece que no tienen las madres ni los chicos) , la violencia
doméstica y los femicidios. Pura y repugnante hipocresía.
Mientras tanto, como en una película de esas que son un bodrio y que
una aguanta sólo porque pagó la entrada, se repiten las mismas
agresiones, los mismos intentos de perturbación, de convencer a todo el
mundo de que se trata de un padre preocupado por sus hijos y
finalmente de poner todos los obstáculos posibles para hacer mi vida más
difícil de lo que ya es.
Constantino y Claudine sufren de dislexia (heredada de su padre), lo que
requiere estudios, tratamientos y atenciones costosas, las cuales son sólo
parcialmente solventadas por mi obra social, amén del salario de las
personas que los cuidan cuando estoy en el trabajo.
El “padre preocupado” después de cinco años de no poner un sólo peso
para sus hijos en el intento de ahogarme financieramente para que me
vea obligada a volver a Francia con la frente marchita se convenció de
que esa táctica no le va a resultar y por consejo de sus abogados me trae
desde hace un tiempo cada seis meses una suma miserable que se
esfuma a los tres días siguientes a su partida.
Hasta ahora no podía hacerle juicio de alimentos porque le tocaba
intervenir a la justicia francesa, que está más interesada que él en que los
chicos vuelvan a ese país porque como ya dije antes los musulmanes los
están invadiendo demográficamente y las familias francesas que se
negaban a tener hijos están pagando hoy con sangre el duro precio de su
comodidad.
Por lo tanto tenía cero probabilidades de hacerle cumplir su obligación
alimentaria, pero ahora con la reforma del código civil la jueza que
entiende en la causa no puede argumentar incompetencia y deberá
condenarlo a pagar la cuota que le corresponde y que elude sin escrúpulo
alguno para después golpearse el pecho por “su preocupación como
padre” y exigir que se respeten “sus derechos” paternos.
Lo paradójico es que hay un convenio internacional que obliga a los
padres varones a pasar alimentos a sus hijos sin importar donde esté
viviendo, pero Francia pone tantos requisitos para cumplirlo que
finalmente se hace imposible. Ahora, para reclamar los derechos de sus
ciudadanos comprendidos en los convenios internacinales son unos
leones.
Y bien, en eso consiste mi vida desde hace siete años, en defenderme y
defender a mis hijos del acoso judicial de un tarado egoísta y vengativo.
Tengo cuarenta y cuatro años y derecho a tener una vida normal, pero el
destino me está cobrando caro haber ignorado las señales y pasarlas por
alto pensando que la cuestión se podía encarrilar con un poco de
paciencia y aguante.
Grave error que no deben cometer quienes leen este relato, porque
afortunadamente yo cuento con padres que no tienen miedo y se
jugarían la vida por mí o por sus nietos, pero muchas mujeres no tienen
esa suerte y la aventura termina en el dolor y la desesperación de perder
a sus hijos a manos de sujetos inescrupulosos que abusan y maltratan sin
el menor sentimiento de culpa a mujeres y niños, seres cobardes que
ante la negativa a dejarnos atropellar usan a la ley y el derecho ( y a los
jueces que se prestan) para mantenernos en un estado de permanente
zozobra mental y espiritual.

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One thought on “Esperando a la Justicia

  1. María Ester Camaño 28 agosto, 2016 / 11:24 am

    he vivido algo semejante con mis hijos cuando eran pequeños y con el agravante de que la niña padece autismo, asi que comprendo plenamente el drama que esta soportando esta señora.

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