París, oh París!

Partí a Paris con mi perra Blue (una dálmata traviesa y divina), con toda la ilusión de armar un proyecto de vida. Al fin y al cabo es lo que quiere todo el mundo. Traía en mi mochila tantas expectativas como dudas. Ahora me admiro de mi coraje (¿O fue irresponsabilidad?)
La propuesta que me hizo creer JD, era que yo sería su “compañera de ruta”, y que, contrariamente a la mayoría de los franceses, quería vivir 3 años en cada país diferente, conociendo culturas y nunca volver a Francia. JD criticaba mucho su país, el sistema elitista, la educación opresora, los estigmas religiosos, la intolerancia hacia otras culturas, el creerse el centro del mundo.
Su propuesta era vivir en Francia solo 3 años, para tener un antecedente en local en su empresa y luego nunca más poner un pié.
Del dicho al hecho …

Pero tenía razón en algo: ese país desconocido sorprendia por una sociedad cerrada, con altas dosis de xenofobia y subida al caballo de su importancia mundial. Al francés medio en general no sólo que no le gustan los extranjeros sino que pude percibir algo muy cercano al despreci0. Aunque lo disimula bastante, para él parecieran ser seres inferiores, sólo carne de turismo que alimentan las alforjas del Estado dejando sus dólares y sus yenes. Y lo peor es que no se dan cuenta, es como si fueran portadores asintomáticos de una extraña enfermedad que les impide ver el mundo de otra manera.

No, París no es para nada hospitalaria, aunque todo brilla por su limpieza es hostil, fría y soberanamente aburrida, una especie de Disneylandia para adultos donde todo está como mecanizado y meticulosamente preparado para convencer al turista extranjero de encontrarse viendo la más perfecta representación del mundo ideal. La salva su belleza, que parece no tener nada que ver con su gente.

Mujeres de senos ausentes que tienen culos tan chatos como estructuradas sus mentes, obsesivas seguidoras de lo que luego vería en un documental : anorexia social. Varones en general inhibidos y cero simpatía. Todos agrios como leche cuajada y prepotentes como cardenales. También los hay agradables, pero nada que ver con lo que muestran algunas películas.

Primeros meses en París. El aislamiento

En fin, en esa época todavía pensaba que era posible integrarme un poco a esa sociedad donde pasaría un buen tiempo, por lo menos tres años según JD, hasta que le dieran otro destino.

Antes de ir, había investigado las posibilidades de hacer un DESS en La Sorbona relacionada con mi carrera. Un Dess es una especie de Master a la francesa. Pensé que así podía relacionarme mientras me instalaba y de paso perfeccionaba mi francés que por entonces era algo rudimentario. Hice todos los trámites y logré ingresar.

Quizás pueda definir esa etapa de pre-viaje como un anticipo de lo estaba comenzando a manifestarse: la violencia.
En este primer momento, fue una especie de violencia psicológica, ya que con la excusa de que ya estaba “mentalmente” en la siguiente etapa, se cerró a todo tipo de relaciones, salidas, no permitía visitas, todo lo irritaba. En un primer momento se ofreció a ayudarme con los legajos de inscripción y luego para verficarlos se volvía agresivo, despreciativo, cada papel era una tortura chequearlo.

En cuanto a la vida de pareja en ese primer mes en Francia fue bastante extraño. Yo parecía no existir para JD , estaba como ausente, siempre cansado y todo el tiempo veía TV, un sábado a la tarde/noche, llegó a ver 6 horas de corrido, casi sin levantarse. No quería ver gente, ni que yo viera gente, mi función era plancharle las camisas y cocinar. No podía hablarle, no me explicó cómo moverme, ni siquiera lo básico, productos de supermercado, una mínima bienvenida e introductivo a su país.
Un ser desconocido, yo no entendía nada.

Habíamos hablado de comprar un dto para instalarnos , pero antes de que pueda dar mi opinión el ya lo había elegido. A los tres meses nos mudamos. El dpto era pasable, pero estaba lleno de inconvenientes, el piso que crujía (eso ya lo ponía loco en BsAs), los colores de las paredes, las instalaciones etc. Entonces planeamos arreglarlo y llamamos obreros. Al ver que el precio excedía nuestras posibilidades, decidió hacerlo todo él, a pesar de que nunca había hecho nada.

Comenzamos los proyectos y la obra que se alargó mas de la cuenta. Viviamos asi de obra , casi toda el dto destruido y en mal estado porque el quería hacer el bricolaje.

Por favor pedí a unos amigos argentinos, y vinieron a Francia. Nos dieron una mano grande, dado que allá las refacciones salen fortunas porque todo está reglamentado y sólo pueden ser contratados los electricistas, plomeros etc. que están matriculados, y los registros son restringidos. Consecuencia: los privilegiados que acceden a un registro ganan más que los cirujanos. Sobre todo porque hay pocos obreros y muchisimos cirujanos, qué ironía no?

Mientras tanto terminé mis estudios y comencé a trabajar en varios lugares hasta que por fin entré como contratada en una ONG vinculada a las Naciones Unidas. Las distancias en París entre el trabajo y la casa eran largas. Nos veíamos poco con JD durante la semana y los fines de semana: bricolaje!!.
JD seguía con su malhumor que se puede decir que se hizo crónico, yo lo adjudicaba a las malas comidas y al stress de la integración al trabajo. Algunos fines de semana mas largos nos íbamos a la casa de mis suegros. Yo viajaba a argentina una vez por año a ver a mis amigos y flia. y él me acompañaba.

Uds dirán: dale! que tambien te conociste Europa! y aunque no lo crean, después de 8 años no visité casi nada de Europa con este obsesivo del aislamiento.

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