La sentencia

Y me llegó por mail el texto de la sentencia dictada por una jueza de Creteil, París, Francia. Decía que:

1) Se atribuye al Sr JD el goce a título gratuito del domicilio familiar así como el mobiliario existente.

2) Los niños residirán en lo del padre. (Obsérvese que dice “en lo del padre” y no en la residencia familiar.)

3) La madre puede llevarlos a la Argentina: a) durante las vacaciones escolares de primavera y otoño, la primera mitad de las vacaciones de navidad y de pascuas los años pares, la segunda mitad los años impares, las seis primeras semanas de las vacaciones de verano. El costo de los billetes de avión ida y vuelta de los niños estará a cargo del padre

4) El cuidado y educación a cargo del Sr. JD .

5) El Sr JD pagará la cuotas restantes de la hipoteca ( con derecho a descuento en la liquidación matrimonial)

6) La madre recibirá una pensión de 250 euros por mes.

7) La madre fija domicilio en la ciudad de Buenos Aires Argentina

Es decir, después de cinco años de matrimonio la jueza francesa me dejó en la calle, sin mis hijos y con una pensión alimentaria de $ arg 1.250 por mes con derecho de visita a los chicos de tres meses y medio por año. Eso sí, “provisoriamente”.

En síntesis, lo que dice esta bestial resolución es: al padre (francés) todo, a la madre (argentina) el destierro, unas monedas para su subsistencia y la angustia de que sus hijos se queden a merced de un sicópata, eso sí, con el premio consuelo de verlos un rato cada año.

Antes, en la audiencia, cuando le hice notar a la jueza que Claudine aún estaba siendo amamantada me preguntó cuantos meses tenía, y cuando le dije seis meses me contestó: “Ah, entonces ya puede ser destetada” (como si fuera un ternero) con lo cual me estaba anunciando cual iba a ser su decisión. Ella ya había decidido que la leche materna podía ser sustituida por cualquier otra leche. Lo que yo pensaba y lo que dicen los especialistas, cero importancia.

Ahora, si me permiten, a riesgo de ser aburrida comentaré cada punto de esta atrocidad mal llamada “sentencia”. El uso del departamento y los muebles yo había accedido a dejárselo a JD ya que sólo me importaban los chicos. Pero como me venía a vivir a la Argentina tenía la expectativa de que los fondos alimentarios que se fijaran alcanzaran por lo menos el valor de la mitad de un alquiler en Francia lo que me permitiría a su vez alquilar en la Argentina.

No, el uso para el padre será gratuito, dijo Usía. La custodia, de hecho, para el padre ya que los chicos debían vivir en su casa. El costo de los pasajes que pone generosamente “a cargo del padre” tienen el 60% del valor pagado por la empresa France Telecom.

Sobre el “cuidado y educación” (a su cargo), tiene la escuela y la baby sitter gratuitos. Sus padres (que él dijo los podían cuidar) son dos ancianos achacosos de 75 años que viven a 800 kms. JD sale a la 7:30 y vuelve del trabajo a la 20. Ergo, ¡Los niños iban a ser criados por extraños! Pero que le importaba a la jueza. Lo que importan son las reglas, no los seres humanos.

Quedaban un año y pico de cuotas del crédito hipotecario o sea aproximadamente unos 15 mil euros. Para referencia sirve anotar que el depto. hoy está totalmente pago y valuado en 400 mil euros y me pertenece un 40% que él se queda por 15 mil.

En resumen, “provisoriamente” se quedaba con los niños, la casa, (por 900 euros por mes de hipoteca) los muebles, un salario de bolsillo de 6.500 euros no ganancial, cuidado y escuela gratuitos y me pasaba 250 euros por mes. Negocio redondo.

Después de leer la sentencia, la ansiedad y el temor que sentía se transformaron en una indignación que me nublaba el cerebro. ¿Esta era la justicia del país que le venden a una como civilizado? ¿Arrancarle a una madre sus hijos por negarse a seguir siendo destruida ella y sus hijos por un enfermo? La pregunta obvia es ¿Qué delito cometí para merecer esta condena? Por supuesto eso está explicado formalmente en los fundamentos del fallo donde dice porqué me desterraron sin derecho a nada, pero el verdadero delito que cometí fue casarme y tener hijos en Francia confiando en mi marido y en la supuesta “civilización humanitaria” francesa. Liberté, igualité, fraternité … para ellos.

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