La reunión en la Defensoría

Por si alguna duda quedaba de que el propio estado francés estaba operando para llevarse de vuelta a mis hijos, un espisodio lo confirmó. El 5 de octubre de 2011 tuvimos una reunión, pedida por el consulado de Francia al Defensor de Menores argentino que interviene en el caso. En realidad no se entendía muy bien cuales eran los motivos del consulado para esta solicitud siendo que se trata de una cuestión de derecho privado. La excusa formal era que estando en juego derechos de ciudadanos franceses es misión del consulado interiorizarse de la situación y tratar de arribar a una solución “amigable”.

En realidad el objeto era presionarme y amedrentarme para lograr un régimen de visitas que permitiera a los chicos viajar a Francia (y retenerlos), como quedó demostrado a lo largo de las deliberaciones que duraron como tres horas.

Estuvimos: el Defensor, sus asistentes, una asistente social que yo había pedido para que supervise las visitas, JD, sus dos abogados, yo, mi abogado, la vicecónsul de Francia, una ex-jueza que trajo como asesora especialmente desde Francia para esta reunión y una traductora.

Todo el tiempo la ex-jueza que habían traido estuvo intentando demostrar solapadamente que yo había secuestrado a mis hijos e incluso quiso empezar una especie de interrogatorio conmigo para ese fin pero mi abogado la paró en seco. En otro momento afirmó que la aberrante sentencia de la jueza de Creteil estaba firme porque no había sido apelada y consecuentemente yo estaba obligada a devolver a los chicos a Francia.

Eso lo dijo porque la “astuta” de la abogada que representa a JD en Francia pidió a la Corte un certificado de que no había habido apelación al mes de noviembre de 2010, lo que por supuesto la Corte le expidió porque aún no habíamos apelado dado que legalmente el plazo vencía en realidad en enero de 2011. Así juegan ellos.

Ese certificado fue presentado aquí maliciosamente en el juicio de reintegro que inició JD en la Argentina (gastando fortunas mientras no manda un peso para sus hijos) por sus abogados.

Entonces el Defensor le pidió a los abogados que le hicieran llegar una certificación actualizada … que nunca llegó.

Ahí quedó claro que la ex-jueza y asesora fue de mala fe a presionar con la finalidad de “ablandarme” para que yo accediera a dejar que los chicos viajen con el padre a Francia “por quince días para que vean a sus abuelos paternos”. Y que además el consulado francés estaba en connivencia con JD y sus abogados para impresionar al Defensor de que yo había traido ilegalmente a mis hijos a la Argentina. Si no fuera así ¿Cómo sabía la ex-jueza del certificado de no apelación? ¿Como estaba tan enterada de los pormenores de la disputa?

Si hasta dijo que la autorización que había firmado JD de en el consulado argentino en París de residencia permanente “no tenía valor jurídico”. (?)

En toda la audiencia campeó un clima de condescendencia y menosprecio hacia nosotros por parte de los funcionarios franceses y JD se mandó un alegato y hasta lloró como buen maricón, aunque al mismo tiempo confesó que había golpeado a mi madre “porque ella no le quería entregar su hija”. Pero asegura “que no es violento”. ¿Como se llama eso?

Además también confesó que me había denunciado penalmente por secuestro ¡De mis hijos! pero que después retiró la denuncia, lo cual es mentira porque las denuncias no se retiran. O sea que si piso Francia me hace meter presa.

Dicen los psiquiatras que es muy difícil detectar a un psicópata porque en primer lugar se autoconvence él mismo de la realidad de sus elucubraciones irracionales y en segundo lugar tiene una habilidad especial para hacerse la víctima y lograr el objetivo de conmover al auditorio.

Él estuvo todo el tiempo nervioso, malhumorado y visiblemente incómodo especialmente cuando se dio cuenta de que la maniobra iba al fracaso. En un momento el Defensor me preguntó si yo accedería a hacer un acuerdo que permitiera que los chicos viajen con el padre a Francia y le contesté sin dudar que si, pero condicionado al examen psicológico de él. Entonces le preguntó a JD si estaba dispuesto y el contestó medio con evasivas que si. Pero sus abogados se opusieron con el argumento de que era reconocer que tenía algún problema psicológico estando un juicio de divorcio en trámite. ¡Y es que lo tiene!

Finalmente el defensor dijo que hacer un acuerdo de un régimen de visitas amplio con viajes a Francia era posible, siempre que fuera homologado por la justicia argentina y la francesa, con lo que se terminó la discusión porque de hecho ello hubiera sido reconocer en algún modo la jurisdicción argentina en cuanto a la tenencia de los chicos lo que no era la idea.

En suma, un episodio desagradable e inútil que no aportó absolutamente nada a la solución de este drama en el que los principales afectados son los chicos. Es de verdad desalentador ver como la resistencia de JD a admitir que el matrimonio se terminó y su obsesión por “ganarme” la partida ( como si los chicos fueran un objeto) impide cualquier intento de acuerdo razonable que preserve el afecto y la estabilidad emocional de los chicos mediante un régimen de visitas amplio. Mi temor es que el odio que manifiesta hacia mi lo termine descargando en mis hijos.

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