La apelación

Primero me “notificaron” la sentencia por medio de una carta certificada, pero luego se dieron cuenta de que no era el medio apropiado y tramitaron la notificación por medio de un exhorto como corresponde. Por mi parte naturalmente despedí a la primera abogada por ineficiente y contraté otra que presentó la apelación por medio de un experto (que allá se llama “abué”) ante el Tribunal de Apelaciones estando próxima la fecha de la audiencia para resolver que es el 5 de diciembre de este año 2012.

Paralelamente, en julio de 2010 JD intentó llevarse de nuevo a los niños a Francia por medio de un procedimiento diplomático basado en el Convenio Internacional de la Haya sobre sustracción de menores que se tramita por medio de las Cancillerías francesa y argentina. Las autoridades Argentinas rechazaron de plano la pretensión la primera vez porque era absurdo que habiendo firmado una autorización de residencia permanente adujera que yo había sustraido ilícitamente a los niños.

Luego, cuando salió la sentencia que he relatado en las entradas anteriores, volvió a la carga con el mismo procedimiento y la Cancillería argentina, para mi orgullo nacional, le volvió a rechazar de plano la demanda indicándole que debía dirigirse a las autoridades judiciales. cosa que hizo mintiendo descaradamente por consejo de su nueva abogada. Se consiguieron una certificación de que yo no había apelado la sentencia basándose en la certificación por correo que era inválida y contrató abogados argentinos que la presentaron ante la Justicia como justificativo de que la guarda de los chicos le correspondía porque la sentencia estaba firme.

Mientras tanto JD además de denunciarme penalmente por secuestro presentó en París una demanda de divorcio en la que pide: que me saquen mis hijos, que no me den ni un peso de la división de bienes gananciales y además que le pague 30 mil euros por daño moral, o sea que la intención es usar a la justicia francesa para convertirme en una pordiosera, ¡A mi, la madre de sus hijos!

La maldad que emerge de la demanda es repugnante al más elemental sentido de humanidad, pero no me extraña en lo más mínimo porque estas circunstancias han sacado a la luz la verdadera personalidad de JD, toda la basura acunulada en su alma y en su psiquis. Su pequeño orgullo ha quedado tan herido que su deseo de venganza no tiene pudor alguno. A mi jamás se me hubiera ocurrido tal cosa porque mas allá de nuestras diferencias es el padre de mis hijos y me dolería que lo vieran en esas condiciones, pero, yo soy sudaca y él del primer mundo.

Por supuesto, todo lo hizo aconsejado por una abogada que funge de especialista en recuperación internacional de hijos y que le cobra una fortuna. Aquí cabe señalar una cosa que pinta de cuerpo entero el supuesto “amor” que siente por sus hijos y que le impulsa a arrebatármelos a como dé lugar, mintiendo, presionando y amenazando. Cuando acordamos que yo me quedaba en la Argentina con los chicos JD exigió que Constantino fuera a una escuela francesa, por eso los inscribí en el Instituto Jean Mermoz que quedaba en Belgrano a centenares de cuadras de mi residencia.

Constantino tenía todos los días tres horas de viaje en combi para satisfacer la exigencia del padre. Y eran tres horas cuando no había cortes de calles. El costo era de $ 2.500 mensuales, en ese momento 500 euros. JD mandó el dinero para pagar en marzo y abril, pero desde que salió la sentencia en mayo nunca más mandó un solo peso para la salud, la educación el vestido o la alimentación de sus queridos hijos!! ¿La razón? Que no mandar dinero era legal porque así lo había resuelto la justicia francesa, o sea, condenó a sus amados hijos a comer la sentencia de la Jueza de Creteil, com mayonesa a salsa golf o como quisieran.

Un padre ejemplar, que lleva gastados mas de 50 mil euros en juicios y abogados para castigarme pero no mandó uno solo ¡Un solo euro! para la mantención de sus hijos en dos años. Le importa un bledo que estén sanos, que coman, que se eduquen o se vistan, cuando viene de visita trae de regalo: libritos para leerles a los chicos y cuando los saca a pasear les da de comer: sandwiches de MORTADELA. Así como leen queridos lectores. Propiamente un miserable de ley.

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