Golpe al corazón

El telefono sonó a las 7 de la mañana. Era el 16 de junio de 2010. Yo sabía que era mi abogada de Francia porque a esa hora era la única que podía estar llamando dada la diferencia de 4 horas con ese país. Levanté el tubo con el estómago en la boca y el corazó latiendo a 2oo por minuto. A la primera frase de la letrada ya supe que algo había salido mal. Pero nunca imaginé que fuera TAN mal.
– Buen día Victoria como está? – me dijo en francés con un leve temblor en la voz que me alarmó.
– Buen día doctora ¿Tenemos novedades? – le dije, ansiosa.
– Malas – me contestó lacónicamente.
Me senté en la cama como si me hubiera caido un rayo y hubo un silencio que pareció durar un siglo.
– ¿Que …que pasó? – babuceé.
– Salió la decisión de la jueza de Creteil. Todo en contra.
Sentí que el mundo se desplomaba a mi alrededor. La abogada no era muy diplomática que digamos para pasar las malas nuevas. Instintivamente miré hacia arriba donde dormían plácidamente mis dos angelitos.
– ¿Como puede ser, doctora? ¿No era que estábamos bien?
– Es increíble, nunca vi una cosa igual en toda mi carrera profesional, una verdadera barbaridad! – me dijo azorada – le dieron la custodia de los chicos y el uso de la casa a su marido y a usted derecho de visita en Francia dos veces por año.
– Pero, pero ¿Porqué?
– Esencialmente porque dice que Ud. no le avisó a su marido que se iba a separar y que se iba a quedar en la Argentina.
– Pero ¿Y todos los documentos que presentamos demostrando que era una decisión común? ¿Las sesiones de mediación?
– No tuvo en cuenta nada de eso.
– Pero … pero ..si había una autorización expresa de mi marido para que los niños residan en forma permanente en la Argentina. ¿Eso se presentó, verdad?
– Si, pero eso ni siquiera lo menciona en la sentencia, Victoria. Ya le estoy mandando por mail el texto.
Cuando corté el mundo había cambiado para mí. La amenaza de separarme de mis hijos era ahora una cosa concreta y no una mera probabilidad.
Mi cabeza era un remolino y me sentía descompuesta. Mi mente se negaba a entender como alguien podía tan fríamente disponer que una pequeña de seis meses de vida sea separada de su madre como si fuera una mascota. En ese momento Claudine comenzó a lloriquear y tuve que subir a amantarla así que por un rato todo lo demás pasó a segundo plano.
Cuando le conté a mis padres la conversación con la abogada obviamente se instaló un clima de preocupación por el giro que había tomado la situación, aunque mi padre que es abogado me tranquilizó un poco.
– Hay que esperar que vengan los fundamentos del fallo- me dijo – después veremos que hacer, pero en principio hay que pensar en apelar esa barbaridad. Y de última, todavía hay mucha tela para cortar.
Mis padres son dos luchadores natos que no se arrugan ante nada y acostumbrados a luchar contra quienquiera que intente atropellarlos o imponerles algo, pero yo estaba invadida por una ansiedad matadora que me tenía caminando por las paredes. De sólo pensar en que me saquen los chicos me daban arcadas. Y así me quedé a la espera de las razones que había dado la jueza para disponer semejante monstruosidad. Que el tipo se quede en la casa era natural, pero lo demás, no tengo palabras para calificarlo.

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