Constantino: la odisea del nacimiento

Durante el embarazo de Constantino tuve varios amagos de pérdida, lo que hizo que tuviera que faltar bastante al trabajo y finalmente dejarlo porque en Francia la licencia por maternidad es de 4 meses y después hay que volver a trabajar full time. No estan habituados a que las mujeres se reintegren part time. Con lo que los bebes de tan sólo dos meses y medio ya quedan en manos extrañas 9 a 12 horas por dia, lo que yo no estaba dispuesta a hacer de ningún modo así todas las mujeres de Francia me miraran con desprecio.

Sin embargo, la no renovación voluntaria de mi contrato por mi parte no significó merma alguna en mis ingresos, ya que debido a la necesidad de aumentar la tasa de natalidad la administración de la seguridad social del Estado francés había dispuesto varios subsidios para fomentar los nacimientos, los que reemplazaron a mi sueldo. Básicamente te pagaban por tener hijos franceses.

Remarco ésto porque es importante que lo recuerden cuando más adelante lo relacione con mi recomendación de que las mujeres no queden sujetas al imperio de la ley francesa, porque esta protección económica tiene un precio humano muy alto.

La cuestión es que con estas ayudas estatales pude afrontar con cierta tranquilidad el nacimiento y la crianza de mi hijo. Cuando estaba casi de nueve meses el ginecólogo me anunció que … Constantino venía sentado, o sea, al revés de la posición natural. Sería necesaria la cesárea.

Yo le tenía cierta aprensión a ese método porque tenía una extraña intuición de que iba a pasar algo inconveniente y me puse a averiguar si había la posibilidad de evitarlo.

Después de varias respuestas negativas encontré un grupo de jóvenes médicos en el hospital Necker que me examinaron y me dijeron que era posible el nacimiento normal, pero que intentara antes con acupuntura colocar al niño en la posición normal. Me hice acupuntura y masajes pero nada resultó.

Como no se descartó la posibilidad de una cesárea, lo cual implicaba un post parto más difícil, le pedí a mi mamá que viajara para acompañarme en esta emergencia, sobre todo porque además de ser primeriza estaba completamente sola. Ni amigos ni parientes.

Las experiencias anteriores de reposo por pérdidas, donde mi marido no me ayudaba en nada, ni permitía que nadie me venga a ayudar, a pesar de que podía perder el baby, hicieron que esta ayuda fuera más que necesaria. Por supuesto que me trataba de exagerada, de débil, de floja y todo lo que pudiera justificar su falta de ayuda.

Había leído bastante para prepararme para el post parto, pero después comprobé que la teoría es una cosa y la experiencia otra. Un libro, por ejemplo, aconsejaba llenar la alacena de comida por un mes, ya que la recuperación, más la atención del niño hacía dificultoso y casi imposible el abastecimiento. Eso porque, falta agregar, es seguro que nadie va a venir a darte una mano. Y así ocurrió. Bien francés el consejo.

A todo esto le tenía que sumar los cuatro pisos por rigurosa escalera del depto (no tenía ascensor) y la atención y paseo de mi perra Blue que ya estaba camino a la senectud con serios problemas de cadera. Y un marido primerizo, inseguro e indiferente.

Mi mamá, llegó unos días antes de la fecha estimada de nacimiento, justo el dia anterior de la final de fútbol en Alemania (que perdió Francia en la final contra Italia), día en que mi primer ginecólogo quería hacerme la cesárea.

Como yo quería un parto natural pasaron unos dias, hasta que rompí bolsa, y llamé a JD que estaba en el trabajo. Vino a buscarme y nos fuimos al hospital, parecía que el parto era inminente, pero no, pasé ese día, el siguiente y otro más, y el niño no venía.

¿Que pasaba? En nuestra familia materna las mujeres no tenemos dolores de parto, pero esto que a muchas les parecerá una bendición casi me mata, porque me controlaban las contracciones con una cinta que ponian alrededor de mi panza. Pero las cintas estaban mal colocadas y cada enfermera me decia : cuando sienta dolor me llama. Saben cuántas veces expliqué que en mi familia no sentimos las contracciones y cuantas veces se me rieron en la cara y me dijeron “sos primeriza … ya vas a ver”

Así, me tuvieron estos bárbaros ¡Tres dias con contracciones!. Recién en la noche del tercero el médico jefe decidió ir nomas a la sal a de parto, ahi las cintas estaban bien, me pusieron occitocina y les digo las caras de horror cuando mostraba unas contracciones enormes y yo lo mas bien leyendo mi revista Ser padres hoy!!!! Recién me creyeron. Hasta una me dijo : Si Sra. le creo porque a este nivel estaría doblada en dos. Cuestión que tanto me tuvieron quieta que dilaté a 9 y pasadas 12 hs me mandaron a cirugía de urgencia. Ya no se podía esperar ni un minuto más. Lo que más me inquietó, es que antes de entrar mi marido me dijo “acá nada malo te puede pasar” Y no sé por qué esto me inquietó terriblemente, como si estuvieran metiéndome en una cámara de gas y él lo supiera y lo disfrutara. Brrrrrrrrrrrrrrrr.

Me llevaron al quirófano, me hicieron la cesárea, me mostraron un segundo a mi hijo y cuando terminó entre sueños sentí que se me iba el aire, que el diafragma no funcionaba. Se lo digo a la enfermera, me ponen oxígeno, empiezan a gritar y uno de los médicos le decía a otro: “Hey, acá hay una hemorragia grande!” Sentí que me desvanecía.

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