¡Y la Justicia llegó!

Justicia-Martillo

Mi padre no es lo que se dice una persona muy sutil para decir las cosas, especialmente cuando se trata de hablar con sus familiares. Pero esta vez por lo menos me adelantó la noticia por whatsapp: “Salió el fallo de la Corte, los chicos se quedan!“.El corazón me di un vuelco y me quedé unos segundos mirando el teléfono como una autómata. No podía creer lo que leía. Ahí vi el siguiente mensaje de mi padre “Estoy llorando”

Al segundo me llamó mi hermana para contarme lo mismo. Yo estaba en medio de mi trabajo así que medio se paralizó el movimento, todos mis compañeros mirando que me pasaba como si estuviera por darme un ataque. “Al fin la pesadilla terminó” pensé con un suspiro y en ese momento lo primero que me vino a la mente fue dar gracias a Dios por haberme evitado el tormento que hubiera significado que me alejen de mis pichones. La vida volvió a sonreirme y el sol volvió a a salir. Y yo volví a mis tareas.

Esa noche cenamos todos juntos en mi casa con el corazón aliviado y la alegría flotando en el ambiente. Creo que el  lunes 19 de septiembre de 2016 será un día inolvidable en mi vida. Miré a mis hijos jugando tranquilamente a mi lado como si no hubiera pasado nada extraordinario y pensé:”Si, Dios existe, y la justicia también”. A veces no es fácil encontrarlos y por momentos la desazón te envuelve el ánimo como una espesa niebla que no te deja ver más que bultos borrosos y cosas amenazantes e indefinidas, pero hay algo que te empuja a no entregarte y es el vínculo de amor que te une con tus seres queridos, el saber que tus hijos te necesitan para crecer en armonía con el mundo y que ningún sacrificio es mucho para darles por lo menos esa cuota de seguridad que va cincelando su carácter y definiendo su personalidad.

Este doloroso trance que se extendió por siete años me enseñó que el sufrimiento te hace fuerte, que tus retoños te dan fuerzas cuando ya no te queda más ni una gota de aliento porque sabés que no le podés faltar, me enseñó que así como hay personas vengativas y perversas hay gente que es todo corazón, y sobre todo que tu familia, tu verdadera familia, es el refugio más seguro cuando la adversidad te pone frente a circunstancias que no podrías atravesar sola, es el templo donde encontrás consuelo cuando te puede la angustia y es la organización que trabaja para ir superando junto a vos cada obstáculo día a día.

Pero la enseñanza más importante que me deja este período tan inquietante es la que si saberlo escribí al principio de este relato: tené mucho cuidado cuando tu relación de pareja es con un extranjero sobre todo cuando quieras tener hijos, porque ellos son las cadenas con las que maridos violentos, autoritarios y vengativos pueden destruir tu vida para siempre extorsionándote con el amparo de la legislación de su país.

En mi caso, la justicia francesa le otorgó nuestra vivienda y la custodia de los chicos al padre sin que se le mueva un pelo, y pretendía que yo vuelva a París con mis niños para entregárselos al padre en medio de una economía estancada, de una sociedad xenófoba hoy jaqueada y aterrorizada por el terrorismo islámico y la inmigración musulmana y me vea obligada a mendigar la ayuda del Estado, a vivir como una paria de la caridad estatal para poder ver a mis hijos un par de meses al año.

Cuando estés de novia o en pareja mirá bien con quien, donde y como te vas a meter, por más que te encandilen las luces del supuesto primer mundo – que no es lo que se cree – porque el costo en términos de sufrimiento puede ser muy alto si tu pareja resulta ser uno de los tantos machos alfa que abundan en estos días y cuando lo descubrís ya es demasiado tarde.

Lo que me sucedió a mi ahora no es un parámetro válido para tomarlo como aliciente, porque este fallo de la Corte es un verdadero milagro. Habitualmente el Alto Tribunal manda a los chicos de vuelta a su país para que los padres arreglen allí sus diferencias. Pero en este caso ocurrió que JD acordó conmigo por esrito que nuestros hijos vivan conmigo en la Argentina y la justicia argentina dijo que no es aceptable que luego haya pretendido volver sobre sus pasos, máxime luego de que la Cancillería argentina rechazara su pedido.

En realidad el aceptó firmar la residencia permanente de los chicos pensando que yo estaba amagando y al poco tiempo le iba a pedir de rodillas que me reciba de vuelta, pero cuando se dio cuenta de que yo hablaba en serio no quiso reconocer que nuestra matrimonio había naufragado y comenzó su “estrategia” para asfixiarme financieramente, perseguirme por vía judicial y diplomática y así obligarme a volver.

Por eso me hostigó permanentemente con presentaciones judiciales y reclamos ante el Consulado francés (que dicho sea de paso se prestó gustosamente a molestarme pretendiendo que una asistente social francesa revise mi casa para ver en que condiciones vivían los niños con el pretexto de que tenía la facultad de proteger a sus connacionales), no me mandó un sólo euro durante cinco años (ahora me deja una limosna para simular que aporta) como si eso me perjudicara a mi y no a la mantención de sus hijos.

Pero como no me pudo doblegar ahora se vino con la historia de que los niños tienen derecho a relacionarse con “sus raíces” francesas y quiere que vayan “de vacaciones” a Francia (para no volver jamás). Me toma de idiota, pero lo malo es que la jueza a cargo toma sus pretensiones como si fueran serias y le concede muchas cosas que no debería en función de los antecedentes que están en su conocimiento.

En fin, como dijo con su proverbial sabiduría mi madre, ganamos una gran batalla, pero la guerra continuará porque el tipo es un sicópata y necesita excitar su adrenalina buscando roña. Como le sobra plata porque gana muy bien y no gasta nada en sus hijos lo previsible es que siga los ataques. Pero hoy lo importante es que mis polluelos seguirán en su hogar, que está donde esté su madre.

Esperando a la Justicia

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Escribo estas líneas por sólo respeto a la gran cantidad de personas que
viene siguiendo las vicisitudes de mi odisea personal, porque
sinceramente esta lucha por el bienestar de mis niños me agota y me
absorbe tanto tiempo y esfuerzo que al final del día mis reservas de
energía son igual a menos uno.
Estoy convencida de que solamente las madres que están sufriendo o
han sufrido situaciones como las que me toca atravesar a mí saben de
que se trata esta tarea de afinar el piano y tocar al mismo tiempo, de
romperse al alma para ganar el pan de cada día para sus hijos y
simultáneamente soportar el acoso de un sicópata que tiene todo el
tiempo del mundo para imaginar mil maneras de hostigar al objeto de su
ira, es decir yo, despreocupado de todo lo que significa la crianza de los
infantes.
Por si todo eso fuera poco, está la angustia de no saber si la Corte
Suprema (que ahora tiene en su manos mi suerte) confirmará las
sentencias de los juzgados inferiores o saldrá con algún martes trece que
favorezca a mi ex marido y perjudique a los chicos. Sobre todo porque la
primera en expedirse es una jueza mujer que paradójicamente no tiene
empacho alguno en fallar sistematicamente a favor del padre reclamante
“por respeto a los convenios internacionales”
Es decir que le importa un corno lo que los chicos van a sufrir al ser
separados de su madre ni que el padre sea violento, la cuestión es no
hacer quedar mal al país ante la comunidad internacional. Esos son los
jueces que después se rasgan las vestiduras por los “derechos humanos”
(que parece que no tienen las madres ni los chicos) , la violencia
doméstica y los femicidios. Pura y repugnante hipocresía.
Mientras tanto, como en una película de esas que son un bodrio y que
una aguanta sólo porque pagó la entrada, se repiten las mismas
agresiones, los mismos intentos de perturbación, de convencer a todo el
mundo de que se trata de un padre preocupado por sus hijos y
finalmente de poner todos los obstáculos posibles para hacer mi vida más
difícil de lo que ya es.
Constantino y Claudine sufren de dislexia (heredada de su padre), lo que
requiere estudios, tratamientos y atenciones costosas, las cuales son sólo
parcialmente solventadas por mi obra social, amén del salario de las
personas que los cuidan cuando estoy en el trabajo.
El “padre preocupado” después de cinco años de no poner un sólo peso
para sus hijos en el intento de ahogarme financieramente para que me
vea obligada a volver a Francia con la frente marchita se convenció de
que esa táctica no le va a resultar y por consejo de sus abogados me trae
desde hace un tiempo cada seis meses una suma miserable que se
esfuma a los tres días siguientes a su partida.
Hasta ahora no podía hacerle juicio de alimentos porque le tocaba
intervenir a la justicia francesa, que está más interesada que él en que los
chicos vuelvan a ese país porque como ya dije antes los musulmanes los
están invadiendo demográficamente y las familias francesas que se
negaban a tener hijos están pagando hoy con sangre el duro precio de su
comodidad.
Por lo tanto tenía cero probabilidades de hacerle cumplir su obligación
alimentaria, pero ahora con la reforma del código civil la jueza que
entiende en la causa no puede argumentar incompetencia y deberá
condenarlo a pagar la cuota que le corresponde y que elude sin escrúpulo
alguno para después golpearse el pecho por “su preocupación como
padre” y exigir que se respeten “sus derechos” paternos.
Lo paradójico es que hay un convenio internacional que obliga a los
padres varones a pasar alimentos a sus hijos sin importar donde esté
viviendo, pero Francia pone tantos requisitos para cumplirlo que
finalmente se hace imposible. Ahora, para reclamar los derechos de sus
ciudadanos comprendidos en los convenios internacinales son unos
leones.
Y bien, en eso consiste mi vida desde hace siete años, en defenderme y
defender a mis hijos del acoso judicial de un tarado egoísta y vengativo.
Tengo cuarenta y cuatro años y derecho a tener una vida normal, pero el
destino me está cobrando caro haber ignorado las señales y pasarlas por
alto pensando que la cuestión se podía encarrilar con un poco de
paciencia y aguante.
Grave error que no deben cometer quienes leen este relato, porque
afortunadamente yo cuento con padres que no tienen miedo y se
jugarían la vida por mí o por sus nietos, pero muchas mujeres no tienen
esa suerte y la aventura termina en el dolor y la desesperación de perder
a sus hijos a manos de sujetos inescrupulosos que abusan y maltratan sin
el menor sentimiento de culpa a mujeres y niños, seres cobardes que
ante la negativa a dejarnos atropellar usan a la ley y el derecho ( y a los
jueces que se prestan) para mantenernos en un estado de permanente
zozobra mental y espiritual.

Maniobras sospechosas

la_sospecha_by_deviant_003-d3i6gwvQue el resentimiento es un poderoso motorizador para personas con espíritus dañinos no es ninguna novedad, pero créanme que cuando a una lo toca soportar el acoso de una de ellas recién se da cuenta de lo que significa esa frase.

Como después de dos fallos en contra JD ve casi perdido su intento de vengarse de mi osadía de dejarlo, ahora encontró otro camino no sólo para hostigarme mientras esperamos el fallo final de la Corte sino para burlar a la justicia argentina y lograr su “objetivo estratégico”, porque, por si no lo advirtieron todavía a lo largo de este penoso relato, para él los chicos, nuestros hijos, son piezas de un truculento juego de ajedrez que él está dispuesto a ganar por las buenas o por las malas.

Ahora – sospecho que con el asesoramiento del Consulado de Francia – ha impulsado a sus abogados a elucubrar un plan alternativo para lograr por izquierda lo que no pudieron por derecha. La cuestión es ganar la contienda y llevarse el trofeo, es decir, los niños, y dejarme sumida en la desgracia y el dolor para que aprenda lo que cuesta desafiar a un marido francés. Aunque parezca terrorífico no es una exageración, es como funcionan su mente disléxica y sicópata y los resortes del Estado francés.

Valiéndose de la reciente reforma del Código Civil y con la colaboración del Juzgado de Familia que lleva el caso ( y que al parecer padece de una especie de complejo de culpa por haber tenido que fallar en su contra) los abogados de JD han renovado las acciones hostiles acudiendo a normas del Código con el fin aparente de hacer valer sus derechos paternos, pero en realidad encubriendo la verdadera finalidad de la movida.

Detrás de una serie de acusaciones sin fundamento y pedidos supuestamente razonables en cuanto a “conservar las raíces” y “facilitar la comunicación” de los niños con su padre, esconden la daga envenenada con la que pretenden llevar a cabo su truculento plan: llevar a los niños a Francia “de visita” en el período de vacaciones escolares.

Todo el meloso envoltorio de supuestos derechos que los abogados esgrimen en su escrito sólo buscan disimular el único objetivo que tienen, que es sustraer a los chicos de la jurisdicción argentina supuestamente  “para vacacionar”, todo porque  en Francia tiene dos sentencias a su favor que dicen que los niños deben vivir en la casa del padre.

Por este sendero oblicuo y retorcido quieren él y sus abogados, una vez en los chicos estén su país, desconocer las sentencias argentinas, hacer valer las sentencias francesas y quedarse allí con los niños convirtiendo todo lo que se hizo aquí en estos casi siete años de sacrificios y angustias en una historia más de las que tanto llanto y dolor han causado a muchas madres de estas latitudes.

Es tan obvio como grosero que “el genial plan” de los confabulados se inspira en los casos que tomaron estado público hace un tiempo en el que dos sujetos inescrupulosos y desalmados, utilizando tramposamente la ley y la justicia argentina, arrancaron a los niños brutalmente de los brazos de su ex esposas para satisfacer su ego y llevárselos a sufrir la dolorosa ausencia de su mamá.

Imagínense mi estado de ánimo cuando pienso que en uno de los casos para habilitar esas maniobras deleznables intervinieron el mismo “defensor de menores” y la misma jueza que están actuando en el mío. No puedo dejar de sospechar que ha corrido y corre dinero,  ni de sentir que a mi alrededor oscuras fuerzas están tejiendo una trama perversa para separarme de de mis hijos.

El truco es sencillo.Entre el defensor y la jueza presionan a la madre con medidas cautelares y otros ingredientes y la convencen de que lo mejor es firmar un acuerdo con el padre “para evitar males mayores y en defensa del mejor interés de lo niños”, convenio que básicamente establece que los niños deben vivir con ella en el país de origen de ellos y supuestamente fija un régimen de visitas para el padre.

Para dorar mejor la píldora y de paso tranquilizar su conciencia recomiendan en su fallo transaccional que “la Autoridad Central del país de destino se ocupe de atenuar en lo posible el lógico golpe traumático que significa para los niños el nuevo traslado a su país de origen”. La hipocresía nauseabunda que rezuman estos conceptos y el drama consecuente han sido descriptos cabalmente en este artículo.

Ana Alianelli y Mónica Murciano creyeron en la sinceridad de los funcionarios pero descubrieron tardíamente que todo era un “bluff” destinado simplemente a favorecer los planes de los progenitores Burns y Dhers para sacar a los niños de la jurisdicción argentina y luego valerse de subterfugios en el extranjero para mortificar despiadadamente a sus ex esposas. La jueza Velázquez que actuó en el caso Alianelli fue destituida luego por corrupta.

 

 

 

Hacia el round final

0012610984Y si, casarse con un extranjero de buena posición económica e irse a vivir en París, Londres, nueva York o San Pablo representa una tentación casi irresistible para una jovenzuela de veinte y pico de años como era yo cuando conocí a JD en Machu Pichu. Construir una vida en común en una urbe del primer mundo, conocer gente distinta, realizarte en tu profesión, viajar, tener hijos, en fin toda un aventura maravillosa … que luego generalmente se convierte en un drama que parece ser interminable.

En realidad, que te cases en Francia sólo adquiere importancia real cuando tus hijos nacen allí, porque a partir de ese momento esa sociedad vampiro tenderá su telaraña cultural y judicial sobre los niños apañando cualquier conducta violenta o morbosa de tu pareja francesa con tal de que los chicos no puedan escapar de su territorio, sobre todo en los primeros años de vida que es cuando se forma la personalidad del individuo. En cambio, si no tienes hijos, en cualquier momento puedes mandar a tu marido a freír monos y volver a tu país y a tu cultura.

Esto es lo repugnante de su sistema: los niños son las cadenas con las que te mantienen prisionera de este mecanismo diabólico que te obliga a soportar a un energúmeno engreído, violento y manipulador (o con peores vicios) con tal de que no te quiten tus hijos. Yo resolvi no someterme a esa degradación y opté por el divorcio, que el muy tramposo de mi marido primero aceptó y luego se retractó con excusas pueriles para jugar un juego perverso y retorcido.

Es que analizando a la distancia todo lo sucedido me doy cuenta de que su objetivo en realidad no es “recuperar” a sus hijos sino mantenerme en un estado de precariedad emocional hostigándome permanentemente con cuanto recurso encuentra su mente enferma. Lo malo es que su personalidad sicópata tiene como característica su habilidad para engañar a las personas, en este caso presentándose como un padre desesperado que lucha por recuperar a sus hijos raptados por una bruja malvada que se los llevó a su país y no los quiere devolver.

Así, hace pocos días me llamó una asistente social del Consulado Francés en la Argentina pretendiendo que le permitiera verificar las condiciones en que viven mis hijos. Cuando le pregunté el motivo me contestó que era “a pedido del padre, ciudadano francés” y en virtud de los “acuerdos consulares entre Francia y la Argentina ya que los niños también lo eran”

Cuando le consulté a mi abogado me dijo que de ninguna manera estaba previsto en ningún acuerdo la intrusión de personal del Consulado en la vida familiar de nadie  en la Argentina “ni a pedido del Papa”. Lo que está previsto es que cuando un ciudadano francés, viviendo en otro territorio, se encuentra en estado de necesidad puede recurrir al Consulado en busca de auxilio económico, pero jamás el despropósito que estaban planteando.

Por supuesto mi respuesta estuvo teñida de la indignación que me produjo este atropello y entonces la funcionaria se mostró sorprendida de mi “agresividad” y me amenazó con tomar “otros caminos” ni bien regresara el Cónsul que se encontraba temporariamente fuera del país. Claro, lo de ellos no es “agresivo” ni ilegal, es “protectivo”.

Lo cierto es que mientras tanto el reloj sigue corriendo hacia la definición de la contienda sobre la permanencia de mis hijos en la Argentina que ahora se encuentra en manos de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que deben resolver el recurso de queja presentado por el abogado de JD cuando la Cámara le rechazó el recurso extraordinario. Si la justicia argentina fuera confiable no cabría otro resultado que el rechazo de la pretensión de mi marido, pero en  el contexto judicial tan voluble que todo el mundo conoce, el final es abierto.

Tres personas tienen ahora en sus manos el destino de mis hijos, tres personas que no se distinguen por su sensibilidad humana sino por su indiferencia hacia el dolor de madres e hijos.

 

 

 

Otro pasito

Leo el estremecedor comentario de Clara Villafañe y pienso que tan mala persona no debo ser si Dios me dio los padres que tengo que me rescataron en el momento preciso a mi y a mis hijos de las garras de un hábil psicópata manipulador y de un destino cruel porque la verdad, yo ya estaba psicológicamente semidestruída, anestesiada, alienada, casi incapaz de reaccionar.

Dice Clara que “lo que redacta yo lo pasé de la misma manera, estuve casada con uno durante 45 años, al final mi hijo también es psicópata intenso y mi nieta mayor también nació sin alma. El redacto parece mi vida, éste actuó de la misma forma con mi hijo, pero yo no lo supe defender porque me manipulaba como quería. Había logrado cansarme tanto que ya no discutía más con él”

Eso es lo que me esperaba si mi madre no se hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando en mi matrimonio y no hubiese apoyado mi decisión de divorciarme sin la menor vacilación. El relato que condensa ese breve párrafo de Clara es toda una vida de sufrimiento, o mejor, una auténtica no vida,  sintiendo que te convierten en una marioneta sin poder reaccionar como en una pesadilla y viendo como delante de tus ojos maltratan día a día a tus hijos.

Cuando mi ex esposo atacó furibundo a mi madre porque no le quiso entregar a Claudine que dormía en la “guagua” que tenía atada a su cuello y le desgarró el hombro derecho en el intento, cayó  la gota que rebalsó el vaso. No había marcha atrás. La violencia moral y psicológica ya había pasado a la física.

En el ínterin entre este episodio y el viaje de regreso a la Argentina consulté a tres personas de asociaciones que se especializan en el tema de la violencia doméstica, y las tres me dijeron exactamente lo mismo después de escuchar mi relato:”Sepárese porque estas situaciones no tienen retroceso, sólo pueden empeorar”

Confieso que después que le  dije a JD que me quería divorciar tuve dudas acerca de si era la mejor decisión dadas las circunstancias porque todavía estaba como envuelta en una nube que me obnubilaba impidiéndome pensar con claridad, a tal punto llegaba en ese momento el efecto de las tácticas manipuladoras de mi ex esposo.

Pero luego a medida que me iba recuperando también me iba dando cuenta de cómo funcionaban las maniobras perversas de JD para ir minando mi personalidad y  sumirme en la dependencia de sus humores y  delirios. Y entonces supe que había tomado la decisión correcta. Aunque cuando él asumió que yo estaba hablando en serio comenzó la guerra que aún hoy me tiene sobre ascuas, porque nunca se sabe para que lado disparan los intereses de los magistrados que tienen tu vida en sus manos, y que en algunos casos muy poco les importa lo que les puede pasar a ti o a tus hijos.

Hoy tengo otro motivo para festejar, la Cámara de Apelaciones rechazó el recurso extraordinario que presentaron sus abogados. Otro pasito, aunque falta aún el veredicto definitivo que está en manos de la Corte Suprema que enfrenta un futuro incierto sujeto a los vaivenes de la política ya que sólo quedan tres de los cinco miembros que la componen, debiendo cubrirse los dos cargos vacantes en el transcurso del próximo año.

 

 

Un pasito más

Como en una novela de suspenso permanente se van dando en esta historia episodios que no por previsibles son menos angustiantes. La jueza de primera instancia había resuelto que los chicos se quedaran en Argentina sobre la base de que su padre había autorizado la residencia permanente de ellos ante la autoridad consular argentina en Francia. No obstante, quedaban aún dos instancias más a superar.

Por supuesto los abogados de JD apelaron este fallo ante la Cámara de segunda instancia, lo que nos tuvo en vilo durante un tiempo hasta que recientemente salió su resolución, por fortuna confirmando en su totalidad los fundamentos de la sentencia de la primera jueza.

No sólo eso, sino que antes de esta sentencia se habían expedido tanto la Fiscalía como la Defensoría de Menores de segunda instancia dictaminando categóricamente (en contra de lo que habían dictaminados sus subordinados) que la acción de JD debía ser rechazada, o sea que tanto el ministerio público como la justicia me dieron la razón basándose en las pruebas de que mi ex marido había intentado borrar con el codo lo que había firmado con la mano.

Ahora nos queda la última batalla en la Argentina ya que seguramente los abogados de JD acudirán a la Corte Suprema de Justicia para tratar de revertir esta decisión de la Cámara.

Mientras tanto en Francia continúa el juicio de divorcio porque apelamos la sentencia de la jueza que intervino, que le da a JD: la tenencia de mis hijos, el uso y posesión gratuita de nuestra vivienda en París y ¡Todas mis cosas particulares! más una multa de 3 mil euros a su favor por haberlo mortificado trayendo a mis hijos a la Argentina. O sea, parafraseando a Perón, a los sudacas ¡Ni justicia!

Estas barbaridades que cometen los jueces franceses son las que me inspiraron el título de este blog “No te cases en Francia”, porque si te casas allí entonces quedas sujeta a las leyes y los criterios impiadosos de esta gente que considera a las mujeres provenientes del tercer mundo casi como simples vientres destinados a producir ciudadanos franceses.

Recuerdo uno de mis primeros posts: “Cuando inicié en Francia el juicio para la tenencia provisoria de mis dos hijos lo hice con algunas dudas, pero pensaba: “¿Que juez en el mundo va a cometer la crueldad de separar a una madre de sus hijos, uno de ellos de seis meses?” Pronto tuve la respuesta: “Un juez francés”.

Por suerte sigo teniendo trabajo y a pesar de todo el sacrificio que significa criar y mantener a dos chicos sin ayuda del padre – salvo los centavos que deja cada vez que viene dos veces por año y que según él cubren su parte en los gastos de escuela, psicopedagoga, psicólogo, fonoaudióloga, maestro integrador y maestro de apoyo de Constantino más la escuela y fonoaudióloga de Claudine – sigo adelante porque ningún esfuerzo es mucho para evitar que un psicópata resentido y vengativo se lleve a mis pichones a maltratarlos y torturarlos en Francia.

Claudine ya cumple seis años (llegó a la Argentina con un mes de vida) Constantino tiene nueve y ambos se crían sanos, felices y seguros, eso es lo que importa en toda esta cuestión porque ellos se han convertido en la razón de mi vida y criarlos me compensa el agujero negro que se abrió en mi existencia después del fracaso de mi matrimonio porque créanme que no es nada agradable atravesar todas estas vicisitudes no sólo sin pareja sino con un neurótico obsesivo persiguiéndome para vengarse de haber tenido el valor de dejarlo.

Menos mal que tengo los padres que tengo, porque sin el apoyo incondicional que me han brindado ellos en todo momento hace rato que estaría internada en algún neuropsiquiátrico. Me costó muchos meses y sesiones de psicólogo recuperar en gran parte la personalidad que me había sido robada por mi ex marido  con sus perversos “trucos” psicológicos originados en la por lo visto apremiante necesidad de disimular su disfuncionalidad (él y sus padres me ocultaron cuidadosamente que era disléxico) y someterme totalmente a sus designios abusando de la protección que le brindaba el sistema machista, semibárbaro y vampírico instaurado en la sociedad francesa.