Esperando a la Justicia

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Escribo estas líneas por sólo respeto a la gran cantidad de personas que
viene siguiendo las vicisitudes de mi odisea personal, porque
sinceramente esta lucha por el bienestar de mis niños me agota y me
absorbe tanto tiempo y esfuerzo que al final del día mis reservas de
energía son igual a menos uno.
Estoy convencida de que solamente las madres que están sufriendo o
han sufrido situaciones como las que me toca atravesar a mí saben de
que se trata esta tarea de afinar el piano y tocar al mismo tiempo, de
romperse al alma para ganar el pan de cada día para sus hijos y
simultáneamente soportar el acoso de un sicópata que tiene todo el
tiempo del mundo para imaginar mil maneras de hostigar al objeto de su
ira, es decir yo, despreocupado de todo lo que significa la crianza de los
infantes.
Por si todo eso fuera poco, está la angustia de no saber si la Corte
Suprema (que ahora tiene en su manos mi suerte) confirmará las
sentencias de los juzgados inferiores o saldrá con algún martes trece que
favorezca a mi ex marido y perjudique a los chicos. Sobre todo porque la
primera en expedirse es una jueza mujer que paradójicamente no tiene
empacho alguno en fallar sistematicamente a favor del padre reclamante
“por respeto a los convenios internacionales”
Es decir que le importa un corno lo que los chicos van a sufrir al ser
separados de su madre ni que el padre sea violento, la cuestión es no
hacer quedar mal al país ante la comunidad internacional. Esos son los
jueces que después se rasgan las vestiduras por los “derechos humanos”
(que parece que no tienen las madres ni los chicos) , la violencia
doméstica y los femicidios. Pura y repugnante hipocresía.
Mientras tanto, como en una película de esas que son un bodrio y que
una aguanta sólo porque pagó la entrada, se repiten las mismas
agresiones, los mismos intentos de perturbación, de convencer a todo el
mundo de que se trata de un padre preocupado por sus hijos y
finalmente de poner todos los obstáculos posibles para hacer mi vida más
difícil de lo que ya es.
Constantino y Claudine sufren de dislexia (heredada de su padre), lo que
requiere estudios, tratamientos y atenciones costosas, las cuales son sólo
parcialmente solventadas por mi obra social, amén del salario de las
personas que los cuidan cuando estoy en el trabajo.
El “padre preocupado” después de cinco años de no poner un sólo peso
para sus hijos en el intento de ahogarme financieramente para que me
vea obligada a volver a Francia con la frente marchita se convenció de
que esa táctica no le va a resultar y por consejo de sus abogados me trae
desde hace un tiempo cada seis meses una suma miserable que se
esfuma a los tres días siguientes a su partida.
Hasta ahora no podía hacerle juicio de alimentos porque le tocaba
intervenir a la justicia francesa, que está más interesada que él en que los
chicos vuelvan a ese país porque como ya dije antes los musulmanes los
están invadiendo demográficamente y las familias francesas que se
negaban a tener hijos están pagando hoy con sangre el duro precio de su
comodidad.
Por lo tanto tenía cero probabilidades de hacerle cumplir su obligación
alimentaria, pero ahora con la reforma del código civil la jueza que
entiende en la causa no puede argumentar incompetencia y deberá
condenarlo a pagar la cuota que le corresponde y que elude sin escrúpulo
alguno para después golpearse el pecho por “su preocupación como
padre” y exigir que se respeten “sus derechos” paternos.
Lo paradójico es que hay un convenio internacional que obliga a los
padres varones a pasar alimentos a sus hijos sin importar donde esté
viviendo, pero Francia pone tantos requisitos para cumplirlo que
finalmente se hace imposible. Ahora, para reclamar los derechos de sus
ciudadanos comprendidos en los convenios internacinales son unos
leones.
Y bien, en eso consiste mi vida desde hace siete años, en defenderme y
defender a mis hijos del acoso judicial de un tarado egoísta y vengativo.
Tengo cuarenta y cuatro años y derecho a tener una vida normal, pero el
destino me está cobrando caro haber ignorado las señales y pasarlas por
alto pensando que la cuestión se podía encarrilar con un poco de
paciencia y aguante.
Grave error que no deben cometer quienes leen este relato, porque
afortunadamente yo cuento con padres que no tienen miedo y se
jugarían la vida por mí o por sus nietos, pero muchas mujeres no tienen
esa suerte y la aventura termina en el dolor y la desesperación de perder
a sus hijos a manos de sujetos inescrupulosos que abusan y maltratan sin
el menor sentimiento de culpa a mujeres y niños, seres cobardes que
ante la negativa a dejarnos atropellar usan a la ley y el derecho ( y a los
jueces que se prestan) para mantenernos en un estado de permanente
zozobra mental y espiritual.

Maniobras sospechosas

la_sospecha_by_deviant_003-d3i6gwvQue el resentimiento es un poderoso motorizador para personas con espíritus dañinos no es ninguna novedad, pero créanme que cuando a una lo toca soportar el acoso de una de ellas recién se da cuenta de lo que significa esa frase.

Como después de dos fallos en contra JD ve casi perdido su intento de vengarse de mi osadía de dejarlo, ahora encontró otro camino no sólo para hostigarme mientras esperamos el fallo final de la Corte sino para burlar a la justicia argentina y lograr su “objetivo estratégico”, porque, por si no lo advirtieron todavía a lo largo de este penoso relato, para él los chicos, nuestros hijos, son piezas de un truculento juego de ajedrez que él está dispuesto a ganar por las buenas o por las malas.

Ahora – sospecho que con el asesoramiento del Consulado de Francia – ha impulsado a sus abogados a elucubrar un plan alternativo para lograr por izquierda lo que no pudieron por derecha. La cuestión es ganar la contienda y llevarse el trofeo, es decir, los niños, y dejarme sumida en la desgracia y el dolor para que aprenda lo que cuesta desafiar a un marido francés. Aunque parezca terrorífico no es una exageración, es como funcionan su mente disléxica y sicópata y los resortes del Estado francés.

Valiéndose de la reciente reforma del Código Civil y con la colaboración del Juzgado de Familia que lleva el caso ( y que al parecer padece de una especie de complejo de culpa por haber tenido que fallar en su contra) los abogados de JD han renovado las acciones hostiles acudiendo a normas del Código con el fin aparente de hacer valer sus derechos paternos, pero en realidad encubriendo la verdadera finalidad de la movida.

Detrás de una serie de acusaciones sin fundamento y pedidos supuestamente razonables en cuanto a “conservar las raíces” y “facilitar la comunicación” de los niños con su padre, esconden la daga envenenada con la que pretenden llevar a cabo su truculento plan: llevar a los niños a Francia “de visita” en el período de vacaciones escolares.

Todo el meloso envoltorio de supuestos derechos que los abogados esgrimen en su escrito sólo buscan disimular el único objetivo que tienen, que es sustraer a los chicos de la jurisdicción argentina supuestamente  “para vacacionar”, todo porque  en Francia tiene dos sentencias a su favor que dicen que los niños deben vivir en la casa del padre.

Por este sendero oblicuo y retorcido quieren él y sus abogados, una vez en los chicos estén su país, desconocer las sentencias argentinas, hacer valer las sentencias francesas y quedarse allí con los niños convirtiendo todo lo que se hizo aquí en estos casi siete años de sacrificios y angustias en una historia más de las que tanto llanto y dolor han causado a muchas madres de estas latitudes.

Es tan obvio como grosero que “el genial plan” de los confabulados se inspira en los casos que tomaron estado público hace un tiempo en el que dos sujetos inescrupulosos y desalmados, utilizando tramposamente la ley y la justicia argentina, arrancaron a los niños brutalmente de los brazos de su ex esposas para satisfacer su ego y llevárselos a sufrir la dolorosa ausencia de su mamá.

Imagínense mi estado de ánimo cuando pienso que en uno de los casos para habilitar esas maniobras deleznables intervinieron el mismo “defensor de menores” y la misma jueza que están actuando en el mío. No puedo dejar de sospechar que ha corrido y corre dinero,  ni de sentir que a mi alrededor oscuras fuerzas están tejiendo una trama perversa para separarme de de mis hijos.

El truco es sencillo.Entre el defensor y la jueza presionan a la madre con medidas cautelares y otros ingredientes y la convencen de que lo mejor es firmar un acuerdo con el padre “para evitar males mayores y en defensa del mejor interés de lo niños”, convenio que básicamente establece que los niños deben vivir con ella en el país de origen de ellos y supuestamente fija un régimen de visitas para el padre.

Para dorar mejor la píldora y de paso tranquilizar su conciencia recomiendan en su fallo transaccional que “la Autoridad Central del país de destino se ocupe de atenuar en lo posible el lógico golpe traumático que significa para los niños el nuevo traslado a su país de origen”. La hipocresía nauseabunda que rezuman estos conceptos y el drama consecuente han sido descriptos cabalmente en este artículo.

Ana Alianelli y Mónica Murciano creyeron en la sinceridad de los funcionarios pero descubrieron tardíamente que todo era un “bluff” destinado simplemente a favorecer los planes de los progenitores Burns y Dhers para sacar a los niños de la jurisdicción argentina y luego valerse de subterfugios en el extranjero para mortificar despiadadamente a sus ex esposas. La jueza Velázquez que actuó en el caso Alianelli fue destituida luego por corrupta.

 

 

 

Hacia el round final

0012610984Y si, casarse con un extranjero de buena posición económica e irse a vivir en París, Londres, nueva York o San Pablo representa una tentación casi irresistible para una jovenzuela de veinte y pico de años como era yo cuando conocí a JD en Machu Pichu. Construir una vida en común en una urbe del primer mundo, conocer gente distinta, realizarte en tu profesión, viajar, tener hijos, en fin toda un aventura maravillosa … que luego generalmente se convierte en un drama que parece ser interminable.

En realidad, que te cases en Francia sólo adquiere importancia real cuando tus hijos nacen allí, porque a partir de ese momento esa sociedad vampiro tenderá su telaraña cultural y judicial sobre los niños apañando cualquier conducta violenta o morbosa de tu pareja francesa con tal de que los chicos no puedan escapar de su territorio, sobre todo en los primeros años de vida que es cuando se forma la personalidad del individuo. En cambio, si no tienes hijos, en cualquier momento puedes mandar a tu marido a freír monos y volver a tu país y a tu cultura.

Esto es lo repugnante de su sistema: los niños son las cadenas con las que te mantienen prisionera de este mecanismo diabólico que te obliga a soportar a un energúmeno engreído, violento y manipulador (o con peores vicios) con tal de que no te quiten tus hijos. Yo resolvi no someterme a esa degradación y opté por el divorcio, que el muy tramposo de mi marido primero aceptó y luego se retractó con excusas pueriles para jugar un juego perverso y retorcido.

Es que analizando a la distancia todo lo sucedido me doy cuenta de que su objetivo en realidad no es “recuperar” a sus hijos sino mantenerme en un estado de precariedad emocional hostigándome permanentemente con cuanto recurso encuentra su mente enferma. Lo malo es que su personalidad sicópata tiene como característica su habilidad para engañar a las personas, en este caso presentándose como un padre desesperado que lucha por recuperar a sus hijos raptados por una bruja malvada que se los llevó a su país y no los quiere devolver.

Así, hace pocos días me llamó una asistente social del Consulado Francés en la Argentina pretendiendo que le permitiera verificar las condiciones en que viven mis hijos. Cuando le pregunté el motivo me contestó que era “a pedido del padre, ciudadano francés” y en virtud de los “acuerdos consulares entre Francia y la Argentina ya que los niños también lo eran”

Cuando le consulté a mi abogado me dijo que de ninguna manera estaba previsto en ningún acuerdo la intrusión de personal del Consulado en la vida familiar de nadie  en la Argentina “ni a pedido del Papa”. Lo que está previsto es que cuando un ciudadano francés, viviendo en otro territorio, se encuentra en estado de necesidad puede recurrir al Consulado en busca de auxilio económico, pero jamás el despropósito que estaban planteando.

Por supuesto mi respuesta estuvo teñida de la indignación que me produjo este atropello y entonces la funcionaria se mostró sorprendida de mi “agresividad” y me amenazó con tomar “otros caminos” ni bien regresara el Cónsul que se encontraba temporariamente fuera del país. Claro, lo de ellos no es “agresivo” ni ilegal, es “protectivo”.

Lo cierto es que mientras tanto el reloj sigue corriendo hacia la definición de la contienda sobre la permanencia de mis hijos en la Argentina que ahora se encuentra en manos de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que deben resolver el recurso de queja presentado por el abogado de JD cuando la Cámara le rechazó el recurso extraordinario. Si la justicia argentina fuera confiable no cabría otro resultado que el rechazo de la pretensión de mi marido, pero en  el contexto judicial tan voluble que todo el mundo conoce, el final es abierto.

Tres personas tienen ahora en sus manos el destino de mis hijos, tres personas que no se distinguen por su sensibilidad humana sino por su indiferencia hacia el dolor de madres e hijos.

 

 

 

Otro pasito

Leo el estremecedor comentario de Clara Villafañe y pienso que tan mala persona no debo ser si Dios me dio los padres que tengo que me rescataron en el momento preciso a mi y a mis hijos de las garras de un hábil psicópata manipulador y de un destino cruel porque la verdad, yo ya estaba psicológicamente semidestruída, anestesiada, alienada, casi incapaz de reaccionar.

Dice Clara que “lo que redacta yo lo pasé de la misma manera, estuve casada con uno durante 45 años, al final mi hijo también es psicópata intenso y mi nieta mayor también nació sin alma. El redacto parece mi vida, éste actuó de la misma forma con mi hijo, pero yo no lo supe defender porque me manipulaba como quería. Había logrado cansarme tanto que ya no discutía más con él”

Eso es lo que me esperaba si mi madre no se hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando en mi matrimonio y no hubiese apoyado mi decisión de divorciarme sin la menor vacilación. El relato que condensa ese breve párrafo de Clara es toda una vida de sufrimiento, o mejor, una auténtica no vida,  sintiendo que te convierten en una marioneta sin poder reaccionar como en una pesadilla y viendo como delante de tus ojos maltratan día a día a tus hijos.

Cuando mi ex esposo atacó furibundo a mi madre porque no le quiso entregar a Claudine que dormía en la “guagua” que tenía atada a su cuello y le desgarró el hombro derecho en el intento, cayó  la gota que rebalsó el vaso. No había marcha atrás. La violencia moral y psicológica ya había pasado a la física.

En el ínterin entre este episodio y el viaje de regreso a la Argentina consulté a tres personas de asociaciones que se especializan en el tema de la violencia doméstica, y las tres me dijeron exactamente lo mismo después de escuchar mi relato:”Sepárese porque estas situaciones no tienen retroceso, sólo pueden empeorar”

Confieso que después que le  dije a JD que me quería divorciar tuve dudas acerca de si era la mejor decisión dadas las circunstancias porque todavía estaba como envuelta en una nube que me obnubilaba impidiéndome pensar con claridad, a tal punto llegaba en ese momento el efecto de las tácticas manipuladoras de mi ex esposo.

Pero luego a medida que me iba recuperando también me iba dando cuenta de cómo funcionaban las maniobras perversas de JD para ir minando mi personalidad y  sumirme en la dependencia de sus humores y  delirios. Y entonces supe que había tomado la decisión correcta. Aunque cuando él asumió que yo estaba hablando en serio comenzó la guerra que aún hoy me tiene sobre ascuas, porque nunca se sabe para que lado disparan los intereses de los magistrados que tienen tu vida en sus manos, y que en algunos casos muy poco les importa lo que les puede pasar a ti o a tus hijos.

Hoy tengo otro motivo para festejar, la Cámara de Apelaciones rechazó el recurso extraordinario que presentaron sus abogados. Otro pasito, aunque falta aún el veredicto definitivo que está en manos de la Corte Suprema que enfrenta un futuro incierto sujeto a los vaivenes de la política ya que sólo quedan tres de los cinco miembros que la componen, debiendo cubrirse los dos cargos vacantes en el transcurso del próximo año.

 

 

Un pasito más

Como en una novela de suspenso permanente se van dando en esta historia episodios que no por previsibles son menos angustiantes. La jueza de primera instancia había resuelto que los chicos se quedaran en Argentina sobre la base de que su padre había autorizado la residencia permanente de ellos ante la autoridad consular argentina en Francia. No obstante, quedaban aún dos instancias más a superar.

Por supuesto los abogados de JD apelaron este fallo ante la Cámara de segunda instancia, lo que nos tuvo en vilo durante un tiempo hasta que recientemente salió su resolución, por fortuna confirmando en su totalidad los fundamentos de la sentencia de la primera jueza.

No sólo eso, sino que antes de esta sentencia se habían expedido tanto la Fiscalía como la Defensoría de Menores de segunda instancia dictaminando categóricamente (en contra de lo que habían dictaminados sus subordinados) que la acción de JD debía ser rechazada, o sea que tanto el ministerio público como la justicia me dieron la razón basándose en las pruebas de que mi ex marido había intentado borrar con el codo lo que había firmado con la mano.

Ahora nos queda la última batalla en la Argentina ya que seguramente los abogados de JD acudirán a la Corte Suprema de Justicia para tratar de revertir esta decisión de la Cámara.

Mientras tanto en Francia continúa el juicio de divorcio porque apelamos la sentencia de la jueza que intervino, que le da a JD: la tenencia de mis hijos, el uso y posesión gratuita de nuestra vivienda en París y ¡Todas mis cosas particulares! más una multa de 3 mil euros a su favor por haberlo mortificado trayendo a mis hijos a la Argentina. O sea, parafraseando a Perón, a los sudacas ¡Ni justicia!

Estas barbaridades que cometen los jueces franceses son las que me inspiraron el título de este blog “No te cases en Francia”, porque si te casas allí entonces quedas sujeta a las leyes y los criterios impiadosos de esta gente que considera a las mujeres provenientes del tercer mundo casi como simples vientres destinados a producir ciudadanos franceses.

Recuerdo uno de mis primeros posts: “Cuando inicié en Francia el juicio para la tenencia provisoria de mis dos hijos lo hice con algunas dudas, pero pensaba: “¿Que juez en el mundo va a cometer la crueldad de separar a una madre de sus hijos, uno de ellos de seis meses?” Pronto tuve la respuesta: “Un juez francés”.

Por suerte sigo teniendo trabajo y a pesar de todo el sacrificio que significa criar y mantener a dos chicos sin ayuda del padre – salvo los centavos que deja cada vez que viene dos veces por año y que según él cubren su parte en los gastos de escuela, psicopedagoga, psicólogo, fonoaudióloga, maestro integrador y maestro de apoyo de Constantino más la escuela y fonoaudióloga de Claudine – sigo adelante porque ningún esfuerzo es mucho para evitar que un psicópata resentido y vengativo se lleve a mis pichones a maltratarlos y torturarlos en Francia.

Claudine ya cumple seis años (llegó a la Argentina con un mes de vida) Constantino tiene nueve y ambos se crían sanos, felices y seguros, eso es lo que importa en toda esta cuestión porque ellos se han convertido en la razón de mi vida y criarlos me compensa el agujero negro que se abrió en mi existencia después del fracaso de mi matrimonio porque créanme que no es nada agradable atravesar todas estas vicisitudes no sólo sin pareja sino con un neurótico obsesivo persiguiéndome para vengarse de haber tenido el valor de dejarlo.

Menos mal que tengo los padres que tengo, porque sin el apoyo incondicional que me han brindado ellos en todo momento hace rato que estaría internada en algún neuropsiquiátrico. Me costó muchos meses y sesiones de psicólogo recuperar en gran parte la personalidad que me había sido robada por mi ex marido  con sus perversos “trucos” psicológicos originados en la por lo visto apremiante necesidad de disimular su disfuncionalidad (él y sus padres me ocultaron cuidadosamente que era disléxico) y someterme totalmente a sus designios abusando de la protección que le brindaba el sistema machista, semibárbaro y vampírico instaurado en la sociedad francesa.

El drama de la dislexia

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Mientras espero el fallo de la Cámara de Apelaciones aprovecho para cumplir un compromiso que asumí en un post anterior respecto de los padecimientos de Constantino en la escuela Santa Rosa de la Capital Federal.
Constantino tiene nueve años, está en tercer grado y no sabe leer. La razón: es disléxico.

Actualmente le asisten un maestro integrador y un acompañante terapéutico pero durante tres largos años debió sufrir solita su alma la tortura diaria a la que le sometían maestras ignorantes y caprichosas a las que nunca se les ocurrió pensar que el chico podía padecer alguna deficiencia neurológica como la dislexia, y más aún, cuando finamente un equipo interdisciplinario se la diagnosticó se negaron a reconocerlo y pusieron manos a la obra para echarlo de la escuela “porque era un niño indisciplinado”.

Baste para retratar este tratamiento discriminatorio propio de bárbaros que recibió mi hijo el hecho de que el último año no iba al grado sino que se pasaba en la Dirección de la escuela “para que no moleste en el aula” algo que me contaron al final del ciclo.

No es mi intención escribir aquí un tratado sobre la dislexia, baste decir que es una deficiencia neurológica que va mas allá de la dificultad para la lectura y que se estima que un 20% de los chicos en edad escolar la padecen en algún grado y los docentes no son capacitados por el sistema para detectarlos y mucho menos para tratarlos.

El niño disléxico sufre horrores en la escuela porque no puede entender lo que la mayoría de sus compañeritos entiende fácilmente y por eso se vuelve agresivo, indisciplinado, desatento e insociable.

Ni la sociedad ni las autoridades estatales de la Capital se ocupan de estos verdaderos marginados sociales que hay en todas las escuelas y que no pueden aprender con los métodos tradicionales porque su mente tiene un cierto tipo de conformación neuronal que le dificulta la memoria inmediata y su facultad de asociación es diferente al resto de los mortales.

Eso nada tiene que ver con su inteligencia (Einstein lo era, Bill Gates lo es y muchos personajes relevantes de la historia también) pero sí con su conducta y con su inteligencia emocional ya que la frustración que le provoca cuando niño se manifiesta en actitudes que maestras ignorantes no pueden sino atribuir a la mala educación en la casa o al carácter caprichoso del chico.

Y aquí viene lo mejor: el que le hizo ese regalo fue su padre.

¿Como lo sé? Porque se le escapó al muy estafador sin querer en un mail hace pocos meses que él es disléxico, pero que se había curado, lo cual es mentira porque la dislexia además de ser hereditaria no tiene cura simplemente porque no es una enfermedad, y es más, si no se trata de chico produce graves alteraciones de la conducta cuando adulto, al extremo que algunos especialistas dicen que pueden ser genios o asesinos con la misma facilidad.

Ahí entendí muchas cosas de su conducta que me intrigaban durante mi noviazgo y matrimonio y que finalmente me llevaron al divorcio, no sólo era sicópata sino para colmo de males, disléxico.

También entendí el porqué de su obstinación en dañarme moralmente quitándome a mis hijos: el disléxico adulto no tratado manifiesta su impotencia sobreactuando todo, tratando siempre de ser el más alfa de los machos, aunque en su interior sepa que es la inseguridad lo que lo impulsa.
Así que ocultarme ese dato fue la causa de la destrucción de nuestro matrimonio, porque de haberlo sabido a tiempo hubiéramos buscado un sistema de convivencia compatible con sus limitaciones y su visión del universo y de la vida, y lo que es más importante, le hubiéramos evitado a nuestro hijo las vejaciones  y sufrimientos a que fue sometido en la escuela.

En su frustración JD me había convertido a mí en una especie de lazarillo para disimular sus carencias y descargar sus resentimientos, de ahí el odio que hoy me profesa por haberlo “abandonado a su suerte”, odio que lo empuja a poner cuantiosos recursos económicos en la tarea usar a la Justicia para destruirme como persona mientras le retacea a sus hijos la obligación alimentaria para presionarme.

La verdad, cuando me enteré por él mismo de que JD era disléxico me cayó como un baldazo de agua fría, no sólo por la doblez y la indignidad de habérmelo ocultado tanto tiempo sino porque me había nacido una nueva y tremenda responsabilidad: que mis hijos no cayeran en manos de un discapacitado funcional no tratado.

Y salió la sentencia argentina

Después de cinco años de juicio, de tener la espada de Damocles sobre la cabeza, de pasarme noches durmiendo mal, acosada por la angustia de eventualmente verme separada de mis hijos, la jueza argentina se jugó y me dio la razón contra los dictámenes del “defensor” de menores y del fiscal que aconsejaban devolver los chicos a su lugar de residencia habitual porque – dijeron – si bien el traslado había sido lícito, la “retención” de ellos en la Argentina era “ilícita” curiosamente repitiendo casi calcados los argumentos que habían usado las juezas en Francia y los abogados de mi ex marido.

Hasta hoy me pregunto si habrá corrido plata, porque desde que la asistente social supuestamente designada para supervisar las visitas de JD entró en el caso el defensor de menores dio un giro sorprendente en cuanto a la actitud que venia trayendo  a favor de la permanencia de los chicos en este país, manipuló la designación de la perito psicóloga de cuarta que en su dictamen puso  que los chicos “no corrían ningún riesgo psíquico ni físico” si retornaban a Francia. ¿Tenía una bola de cristal la desgraciada? No, simplemente quiso asegurarse de que la conclusión de su dictamen se ajustara a lo que exige la Convención de La Haya de 1980 para facilitar la tarea que después completó el defensor recomendando que vuelvan a manos del padre mencionando ese dictamen.

Fue el día de mi cumpleaños, me había mudado hacía dos días y mi casa era un caos muy parecido a Kosovo. Yo estaba en la cocina buscando cosas para ayudar a mi mamá a preparar el almuerzo cuando Claudine y Constantino me traen un documento bien enrollado y atado con una cinta que parecía una especie de diploma. La bebé me dice en su media lengua:

– “Mamá, este es nuestro regalo de cumpleaños”.

Yo creí que era un dibujo que me hicieron o algo así, de modo que lo puse por ahí en arriba de un mueble.Entonces Claudine insistió con su vocecita expectante :

– ¿No lo vas a abrir mamá?

Tomé el cilindro y desaté la cinta.Lo primero que me saltó a la vista es la palabra “RESUELVO”.El corazón me dio un brinco y no quise seguir leyendo.

– ¿No lo vas a leer?- me dijo mi madre – ya va a estar la comida.

Entonces seguí leyendo y cuando vi la frase “Rechazar la restitución de Constantino y Claudine a la República de Francia” ya no me puede contener y me metí en mi dormitorio a llorar porque sentí que me asfixiaba. Por un momento pensé si no era una alucinación y había leído mal el papel, pero no. Las letras me bailaban detrás de las lágrimas.

-¿Que te pasa?- me dijo mi mamá siguiéndome.

-Salió la sentencia.

-¿Y?

-A mi favor.

Mi madre se levantó de un salto y me arrebató el documento de la mano. No podía creer lo que estaba viendo porque después de todas las peripecias judiciales, de una pericia truchísima, de dos dictámenes en contra, era casi un imposible, pero … muestras oraciones por los chicos habían sido escuchadas por el Señor.

Quedamos aleladas sin saber que hacer, como en esas escenas de película que los actores quedan como en suspenso hasta que nos abrazamos entre todos lagrimeando y sollozando como Magdalenas. Los chicos creían que era una actuación y se prestaban al juego.

Constantino estaba medio extrañado y preguntó:

-¿Que pasa abuela?¿Que dice el papel?

-¡Que tu papá no los lleva a Francia, Costa!!

– ¡Sii!- dijo Constantino haciendo con el puño ese gesto de triunfo que aprende de las películas. Claudine ajena totalmente al dramatismo de la situación seguía buscando a la gatita que se le había escondido en medio de las bolsas de la mudanza.

Mi padre miraba la escena sentado sonriendo y jugando con el corcho del vino recién destapado porque él fue el que trajo la copia de la sentencia y se la dio a los chicos para que me la entreguen.

¿Y ahora?-le dije

-Y ahora hay que seguir remando, porque seguramente tu ex va a apelar

-¿Te parece?

-Escuchame, el tipo es un enfermo mental, los chicos le importan una breva, tiene plata de sobra porque gana bien y  no gasta un peso en sus hijos, toda su vida gira alrededor de la obsesión por destruirte sacándote los hijos y si se queda sin ese objetivo se tiene que suicidar porque evidentemente no ha encontrado la forma de reconstruir su vida. Así que  va a seguir con el acoso, pero ahora se va a convertir en un tipo peligroso, habrá que tener mucho cuidado con los chicos porque le va a aflorar la violencia.

Un soplo de oxígeno puro entró en mi vida con esa sentencia, y a pesar de los sinsabores que tuve que pasar a lo largo de estos cinco años tengo que agradecerle a la jueza argentina que tuvo el valor de ser imparcial y no haberse dejado amilanar por los argumentos de gente a la que no le importa la salud emocional de  los niños ni su felicidad. Sé que la lucha continúa con resultado incierto, pero este es un round ganado a fuerza de  pelear cada día sin descanso por el bienestar de mis hijos.¡Que feliz cumpleaños!¡Gracias Dios mío!¡Gracias Virgen María!